Holanda vista desde el sur

No hay nada tan dulce como la patria y los padres propios, aunque uno
tenga en tierra extraña y lejana la mansión más opulenta (Homero)


viernes 20 de noviembre de 2009

Imposible retorno



Para todos mis amigos, desde Málaga


En recuerdo de La Azucarera Hispania, Málaga


Ahí, donde la casa se erguía señorial y altiva,
no queda nada, solo tierra solitaria y triste.
Busqué un alma y encontré palmeras,
faros vigilantes en un mar de rastrojos secos,
recuerdos de un jardín umbroso y fértil,
hoy árido y yermo, sombras del pasado
que se diluyen,
un mundo que fue y no es,
latidos de entonces que hacen daño
dejándonos heridos y sin aliento.

!Quisiera ser golondrina sin memoria
en el camino perdido del retorno!

viernes 13 de noviembre de 2009

Una pasión que compromete





De pequeña tenía dos aficiones: coleccionar cajas y cromos, y leer. De las cajas puedo decir que me gustaban todas, grandes, pequeñas, redondas. Podían ser metálicas, de madera, pero generalmente eran de cartón. En más de una foto de entonces se me ve abrazada a una de aquellas cajas –algo churretosa y no en muy buen estado- como si tuviera miedo que me la fueran a quitar. No sé qué es lo que guardaba en ellas, pero no era su contenido lo que me hacía quererlas. Esta aficción se quedó un poco en el olvido, pero aún hoy siento el hormigueo del deseo secreto de posesión. Los cromos fueron simplemente un entretenimeinto pasajero, y el tener algunos que no tuvieran mi hermana y mis amigas y compañeras de colegio, me hacía conocer momentos de autoridad.

Con la lectura fue diferente. Cuando me encontré con los libros hubo un momento muy marcado en mi tiempo con un antes y un después. Pero entonces aún no tenía tanto recorrido como para saber apreciar esa diferencia. Eran libros de la colección "Marujita" de Ediciones Molinos, que encontré en un viejo armario en casa de mis abuelos. Habían pertenecido a mi madre, de antes de la guerra y el precio estaba dado en céntimos. Fueron los primeros libros que leí y que me pertenecieron. Títulos como "Las travesuras del gnomo pegón", "El duendecillo de la chimenea", "La casa encantada", "Un gato en el país de las hadas" y muchos otros, daban paso a historias que se desarrollaban en un espacio a donde llegaba por senderos ocultos o puertas invisibles en la imaginación, con personajes que vivían en casitas mágicas que andaban y hablaban. Un paisaje distante de bosques, árboles, plantas, y flores, hacía que, con la fantasía rica que tienen los niños, me transportara a un mundo de magias. La lectura de aquellos primeros libros influyó mucho en aquellos años, y aún hoy sigo convencida de que voy a descubrir algún día esa tierra encantada que me daban a conocer.

Ahora mi relación con los libros tiene el carácter de una pasión que compromete mi tiempo, y me sorprende con palabras, espacios, imágenes desprendidas de inocencia, fantasías que acuno entre mis manos. Transito en sus páginas entregándome al tacto y al olor que desprende su materia. Me gusta sentir su peso y esa especie de caricia que me alcanza desde sus hojas donde se guarda la memoria escrita. Colecciono libros, los que tenía, los que me regalaron, los prohíbidos, los que compré después. No puedo dejar atrás ninguno. Llegaban y se quedaron para siempre conmigo.

imagen: centres.escola.org

jueves 5 de noviembre de 2009

La leyenda de Cunera





Una peregrinación

Esta leyenda tiene su origen alrededor del siglo IV DC. Cunera, princesa de York, fue a principios del año 337 acompañando a Santa Ursula y 11.000 vírgenes, de peregrinación a Roma. En el camino de regreso, el barco en el que viajaban fue asaltado por los Hunos que asesinaron de una manera brutal a todas las jóvenes. Sólo Cunera logra salir con vida, salvada por el rey Radbout, que la lleva con él a su castillo en Rhenen (Utrecht), donde lleva una vida religiosa y caritativa, ayundando a los necesitados. La admiración que todo el pueblo tiene por ella provoca los celos de la esposa de Radboud, la reina Aldegonde, que después de varios intentos de desacreditarla ante el rey, trama un plan para deshacerse de ella.

Así, cuando Radbout y sus hombres salen un día de caza, estrangula a Cunera con el chal que esta había recibido de sus padres como regalo, y la entierra –junto con el chal- en los establos. Al regreso del rey y preguntar este por Cunera, Aldegonde le dice que regresó con sus padres. Mientras, los caballos se niegan a entrar en el establo. Rabbout se extraña al ver en el interior la tierra movida y decide excavar en ese sitio. Una vez que han removido la tierra encuentran el cuerpo de Cunera. Radbout descubre el engaño y la terrible acción de su esposa y la castiga azotándola. Más tarde, Aldegonde, terminará loca tirándose desde el monte Grebbeberg. Cunera es enterrada en un lugar que será más tarde conocido como "La colina de Cunera".

Pasa cierto tiempo, y unos trecientos años después de su muerte los habitantes de Rhenen piden al obispo Willibrord que declare santa a la jóven. Según la historia, al abrir el sarcófago encuentran el cuerpo de Cunera y el chal intactos. En el año 694 el chal es depositado en la iglesia Pieterskerk en Rhenen. Desde entonces es venerado durante largo tiempo y atrae a muchos peregrinos, conviertíendose la ciudad en un lugar de peregrinación muy visitado. Con las ganancias de las indulgencias se construye –alrededor del año 1500- la iglesia Cunerakerk.

Hoy también yo he sido peregrina en Rhenen. He seguido un camino paralelo a lo que antiguamnte fue la ruta histórica de una procesión que recorría diversos puntos relacionados con la leyenda de Cunera, y a la que la Reforma puso fin. El lugar ha sido testigo silencioso de un complejo mundo de imágenes que han dejado huellas a través del tiempo, vestigios de una existencia que nos invita a observar la naturaleza, comunicativa y generosa de nostalgias. El día invita a este paseo, un recorrido de veintisiete kilómetros por un terreno boscoso y de colinas de suaves pendientes donde encuentro una flora variada, aves, ovejas, vacas e incluso ciervos que, en ocasiones, se dejan ver. Oigo cómo se agitan las ramas, que ofrecen perezosas sombras donde descansar. Con cada uno de mis pasos percibo el crujir de las hojas que cayeron, una leve protesta ante mi descuido. Respira el aire. Son sonidos que permiten apreciar la composición poética de lo que me rodea. Un paisaje que surge entre caminos y sendas, abadías, monasterios, capillas y granjas, elementos que marcaron los límites de una herencia cultural.

Son veintisiete kilómetros de peregrinaje compatibles con ese otro Camino que me ha llevado a Santiago. Al igual que en la ciudad del Santo, también Rhenen –ciudad felíz y con encanto- tiene su iglesia aunque está sujeta a las normas que le impuso la Reforma, pero hay elementos que la devuelven a la realidad. En su interior el coro, la silleria, el órgano, la pila bautismal, conservan su carácter primigenio; faltan las reliquias de la Santa que fueron dispersas, pero conserva una de las tres torres más altas de Holanda con ochenta y dos metros de altura, y uno de los pocos doksalen que quedan en el país, con representaciones alegóricas de las tres Virtudes Capitales, Fe, Esperanza y Caridad. Aquí no se necesita Carta probatoria o Credencial para acreditar que se visita el templo. El silencio y la quietud forman el testimonio que recibes.

23-mayo-2009

Rhenen, Utrecht (Los Paises Bajos)


Fuente:
http://www.cunera.nu/legende.htm

viernes 16 de octubre de 2009

Por la ruta de los castaños hasta la memoria



Foto: wikipedia



Una visita a Ronda

Acostumbro a discutir con mis recuerdos, me desafían entre guiños del tiempo y mis propias dudas. Cada vez con más frecuencia los encuentro deambulando en el laberinto de perplejidades y olvidos en que se está convirtiendo mi memoria. También hoy acuden conjugando nombres y citas; me acompañan en esta ruta que tiene para mí el sabor dulce de anteriores travesías, enfrascados en buscar el equilibrio entre las tradiciones y el impulso de la modernidad.

Muchos son los caminos que llevan a Ronda. Yo escojo siempre la carretera de la costa, que deja con pereza atrás el mar y se asoma a pueblos blancos y pequeños, a valles de colinas suaves, y a zonas rocosas y abruptas, curiosea entre huertos, olivos y –por supuesto– castaños. En mis recuerdos juega aquí la imagen que tengo de una carretera temeraria para valientes conductores del Seat 600, que ahora se ha hecho amable. Dionisio Ridruejo puso la poesía:

"Salva los campos de labor, se pierde
hacia las duras piedras.
Montes quiebran el cerco de los montes
y con la Luz el corazón se aleja.
Vuelve y es en mis ojos universo
pequeño y bravo la ceñida tierra."

Ahora, igual que entonces, vuelvo a la belleza de los valles del Guadiaro, Guadalteba y del Genal. Más allá están los parques nacionales, Grazalema, Sierra de las Nieves, Los Alcornocales, que guardan tesoros incalculables como el águila real o el buitre leonado, y en especial el pinsapo –árbol nacional andaluz– emblema de la serranía de Ronda. Son estampas de un paisaje que continúa existiendo en mí desde que hice a Ronda lugar de destino, y me sigue asombrando el perfil de esta tierra, unas veces armonioso y otras agreste, como ya lo hizo con todos los que llegaron a ella desde sus orígenes: celtas, fenicios, griegos, romanos.

"Avistamos Ronda. Estaba enroscada en la sierra, como una prolongación natural del paisaje y, a la luz del sol, me pareció la ciudad más hermosa del mundo". Hago mías las palabras de Juan Goytisolo para escribir lo que yo también siento cada vez que llego a esta ciudad, y que se repite en cada una de mis visitas. Es difícil poner nombre a los sentimientos que la vista del Tajo te inspira. Decía José María Pemán que "si nos asomamos a él podemos encontrar en el fondo miedo, vaticinios, oraciones o versos". Yo reconozco la fragilidad del hombre ante la naturaleza, y siento el vértigo que la verticalidad inmensa me produce. El "puente nuevo" salva este barranco de más de cien metros de profundidad y une la Ronda histórica con calles empedradas, casas de balcones enrejados y miradores, monumentos, plazas e iglesias, con la Ronda moderna y comercial, que además cuenta con la plaza de toros más antigua de España.

Ronda ha atraído a visitantes desde siempre por lo mágico de su entorno y el romanticismo que rodea a sus personajes. La leyenda y la realidad se confunden al tratar a bandoleros como el "Tragabuches", "Pasos Largos", el "Pernales" o "Luis Candelas", hombres enfrentados a la ley, que en ocasiones también fueron generosos y que sirvieron de inspiración para diferentes historias. Y no olvidemos que Ronda es la cuna de la tauromaquia y de la figura cumbre del toreo, Pedro Romero. Todo esto y la instalación de la Real Maestranza de Caballería, le dio un atractivo que difundieron escritores como Gustavo Doré, Prosper Merimeé, Théophile Gautier, Washington Irwing, Ernesto Hemingway, Richard Ford, Luis Cernuda. Para ellos y para mí es Ronda la ciudad soñada, haciendo verdad lo que dijo Rainer María Rilke de ella.

"Las casitas de esta calle de Ronda, con sus cierres en la planta baja, parece que crían barriga. Estas otras tienen los cierres altos ... Inclinan la frente. De uno a otro lado de la calle diríase que se quieren acercar, para comunicarse una confidencia maliciosa, sobre el transeunte que pasa". Pienso en estas palabras de Eugenio D'Ors mientras paseo por las calles del centro de la ciudad con fachadas blancas y cercanas, y busco entre lo mítico y lo real el contraste entre el pasado y el carácter cosmopolita de ahora, entre lo recatado y el bullicioso sonido del ambiente y de su gente. Me enfrento de nuevo con un tiempo que tiene un concepto muy personal para despertar perplejidades y olvidos, para retroceder o acelerar los períodos que vivimos. De esta forma trato de sujetar estas escenas que tanto me dan a sentir, un rincón acogedor para fotografiar, esta plazita donde descanso a la sombra de una acacia, el interior de una iglesia, el jardín tan sorprendente de flores. Imágenes que no son distintas a las que en otras visitas viví, pero tienen un lenguaje diferente, y que –como dijo Tagore– se harán recuerdo cuando llegue a mi destino; ellas sólo son cosas útiles mientras hacemos el camino. Así pués, tendré de nuevo que confiar en mi memoria.

domingo 11 de octubre de 2009

Caminar




Caminar …

Erosionar senderos
arrastrando las palabras
con versos hechos a medida.

Caminar …

Recorrer atajos y leyendas,
escuchar los bosques,
pisar la hierba sin detenerse
arropados por la mirada experta de los robles centenarios.

Caminar …

Descubrir un lenguaje sin disfraces,
acentos que deja el viento
en un mundo de transparentes resonancias.

Caminar …

Sin recato,
con terquedad,
en pugna con lo errante y el descontrol
desafiando rutas y límites estipulados.

Caminar ...

Siempre caminar.

sábado 3 de octubre de 2009

El regreso




Me abracé al Levante y me sentí gaviota remontando imposibles por tierras de amarillos que empiezan a estar gastados, vides colmadas, y ocres, que esperan sumisos el letargo dormido en la casa del Tiempo.

Primero fue dejar auroras, palabras y sentimientos: rivalizan los recuerdos agolpados en desorden. Llegaron dudas y pesares. Terminé el moscatel y las pasas. La farola me guiñó por última vez. Quedó colgado el aire rizando azules … !Qué dificil es desprenderse de tantos retales de tu vida! Pero el hogar tiene dirección escrita, y empecé el camino calzada de desganas y sin prisas. Pisé distintas geografías. Una bandada de deseos me acompañaba rápida, sin posibilidades de poder atrapar alguno de ellos. Me reconfortó saber que al otro lado del horizonte también existen lágrimas y sueños.

Desfilaron curvas, montañas perfiladas de azules, subidas, descensos, ríos. Extensiones secas, otras verdes. Pueblos, gente, diferentes lenguas. Vi el revolotear de banderas. Todo quedó engarzado en mi mirada, aguardando próximas ocasiones.

Ahora descanso en el sosiego, entre húmedos brillos del agua, tulipanes, noches largas, recuerdos. Paisaje donde, poco a poco, va arraigándose mi historia.

jueves 10 de septiembre de 2009

Camino Primitivo


El sábado 12 estaré en Oviedo: volveré a ser una peregrina a Santiago.