lunes, 26 de noviembre de 2012

La playa más elegante de Holanda




http://alenarterevista.net/
 

Scheveningen es la playa más elegante de Holanda. Fue un antiguo pueblecito de pescadores y ahora es centro turístico de La Haya. Ésta, a pesar de su aire cosmopolita y sofisticado, no es la capital del país. Fue Luis Napoleón Bonaparte, primer rey de Holanda, quien dio a Amsterdam este privilegio. Sin embargo, La Haya, cuyo nombre oficial es ’s-Gravenhage, acoge la residencia de la reina Beatrix y es sede del Tribunal de Justicia Internacional, embajadas y ministerios. La Haya se aprovecha de su situación cercana al mar, los largos kilómetros de playa y sus extensas dunas. Es verdaderamente una ciudad multicultural y ambiciosa de su progreso, de la que están orgullosos sus habitantes.

 Dicen de ella que es elegante y distinguida y que como tal puede parecer algo difícil de conocer. Es una ciudad llena de vida que tiene su corazón en el mismo centro antiguo y en su arquitectura y monumentos, iglesias, palacios, incluso molinos, y por supuesto en todos sus museos. A medida que se la conoce, menos extraño nos sentimos en ella. El primer paso para conocerla es saber más de su pasado y de sus características. Nada mejor que hacer un recorrido por sus museos que nos mostrarán la herencia depositada allí. Así en el Museo Histórico encontramos una interesante colección de pinturas, retratos y objetos, detalles del  trabajo, la vida y la historia de la ciudad y sus habitantes. Vista de La Haya, de Jan van Goyen, pintado entre 1650 y 1651, es una tela de casi cinco metros de ancho, con una detallada vista de la ciudad del siglo XVII. Un detalle curioso, pequeño pero reconocible en el centro de la pintura, es la cigueña. La cigueña, con una anguila en su pico, adorna el escudo de La Haya desde principios del siglo XVI y puedes encontrarla en muchos azulejos, fachadas y vidrieras y por supuesto en un montón de cachivaches para los turistas.

 
Me gustan las ciudades que miran al mar, tienen un especial encanto. En ellas la luz alcanza una extra dimensión y los olores se hacen reconocibles. Son ciudades abiertas al exterior, con un horizonte que busca el infinito. La Haya, aunque tiene la más conocida playa de Holanda, no está realmente asomada al mar. Para los que quieren ver el mar, tienen que tomar el tranvía o el autobús, que les llevará a Scheveningen, a unos cinco kilómetros del centro, pero si lo quieres más cerca lo puedes encontrar en el Panorama Mesdag, en el mismo corazón de la Haya.

 Un panorama pictórico es la representación de un paisaje, una vista del mar, una acción histórica, sobre una tela extendida en forma cilíndrica. En el centro del espacio donde cuelga la obra se encuentra el espectador, y con la ayuda de una música adecuada, luz, sonidos y piezas decorativas se crea la ilusión de una realidad. El Panorama Mesdag, que lleva el nombre del pintor, Hendrik Willem Mesdag, es una tela circular de 14 metros de altura y 120 de contorno. Es una pintura al óleo de un mar en calma, una extensa playa, dunas y el pueblecito Scheveningen, en una imagen realista del año 1880. Hay barcos de pescadores y barcos de velas, un grupo de soldados ejercitando a caballo, algunos grupos de hombres y mujeres, una señora pintando con sombrilla y caballete, la playa, un faro, el primer hotel, y más lejos La Haya, entonces separada de Scheveningen por un paisaje de dunas.

 El mar, el agua, ha sido una fuente de imaginación para muchos artistas holandeses. Un poema de Hendrik Marsman, poeta holandés, dice: Pensando en Holanda veo ríos anchos fluír despacio por el infinito país llano ... y termina con en todas las comarcas se oye la voz del agua con sus eternas desgracias, temida y oída. El agua está presente en muchas de las obras de origen holandés. También para Hendrik Mesdag el mar fue su gran pasión. Pintó el mar en todas las épocas del año y en todas las horas del día. Era un gran acuarelista y coleccionista de obras de arte; tenía su propio museo que donó al estado holandés pocos años antes de su muerte. Entre 1870 y 1911 Mesdag expuso 110 cuadros en el Salón de París. En 1870 ganó una medalla de oro con su obra Les Brissants de la Mer du Nord. Años más tarde, en 1990 se encontró de nuevo el cuadro, dividido en dos partes. Una vez restaurado y en su formato original de 90x100 cm cuelga ahora en el museo Van Gogh de Amsterdam.

 El Panorama Mesdag es el más antiguo del mundo. Ha sido restaurado recientemente. Está expuesto en el museo Panorama Mesdag de La Haya. A través de un oscuro pasillo y una escalera de caracol llegas al mismo centro del cuadro. La distancia hasta la tela se encuentra cubierta de una gruesa capa de arena; sobre ella una silla de playa, una cesta, varias anclas, una red de pescar extendida, algunos trozos de madera, aumentan el realismo de la obra. El sonido del mar, de las aves en vuelo, del aire y de alguna campana lejana de iglesia, hace que te sientas en la más bonita y elegante playa de Holanda.

 
http://panorama-mesdag.com/

domingo, 25 de noviembre de 2012

Haarlem

 
                                                       http://youtu.be/IGEMIzCmVaU

lunes, 19 de noviembre de 2012

Artículo del Diario Sur.es (Málaga)

La tromba destapa las deficiencias de Málaga en arroyos y alcantarillado


Tras la tromba del sábado, los barrios de Ciudad Jardín, Los Asperones, El Limonar y, en menor medida, El Palo, Carretera de Cádiz o el Centro aparecen cubiertos de cañas y barro. Toca hacer limpieza general y balance del desastre, con numerosas viviendas, locales, coches y sedes de instituciones afectadas. El día después del diluvio, SUR recorre los escenarios de la riada.

La avenida de las Postas, en Parque del Sur, se parece más al cauce -casi seco- de un arroyo que a una calle de la ciudad. Hay rocas y barro por todas partes y los operarios se afanan en desenterrar las ruedas de los coches que todavía permanecen aparcados en batería, para que la grúa se los pueda llevar. Uno de ellos es el de Alfonso Moreno, que vive allí desde 1973 y asegura que nunca había visto nada parecido. «No quiero arrancarlo porque tiene arena hasta el motor y temo que se rompa», explica.

El agua sigue fluyendo camino abajo, en dirección a la calle Lorenza Correa. «Es que no para de manar agua de Los Montes», comenta un vecino, que sigue el desarrollo de las tareas de limpieza. La vía está cortada al tráfico. El embovedado del arroyo que conforma este eje se ha hundido por varios flancos, y se ha improvisado con grandes rocas un canal para conducir el riachuelo hacia una gran tapa de registro. En el barrio, todo el mundo tiene la misma versión de la causa: el encauzamiento se taponó y el río buscó su cauce por la superficie.

En el extremo más bajo, ya junto a Lorenza Correa, el aparcamiento para residentes se ha convertido en la tumba de una veintena de coches y motos que estaban estacionados en la segunda planta. Todavía no han empezado a desaguar y el nivel llega al techo. Varios afectados llevan prismáticos para tratar de ver, desde la orilla en que ha quedado convertida la rampa de acceso al garaje, algún atisbo de sus vehículos. «Tenía el coche de mi padre y una moto, y los dos han quedado cubiertos de agua. Ahora estamos sin medio de transporte», se lamenta Mario Maraval, trabajador de Telefónica. «Cuando nos dimos cuenta de lo que pasaba no me permitieron ni entrar al aparcamiento. Había un remolino en el hueco de la escalera y ni intenté bajar». En ese momento llegan los bomberos, que van a llevar una bomba de achique para permitir, al menos, que se pueda volver a estacionar en este recinto.

En Los Asperones las cañas y el barro acumulados en las casas y en las calles son el escenario en el que cientos de personas se afanan por recuperar la normalidad. Una vivienda, situada en la zona más baja, ha quedado gravemente afectada, como también sucede con una iglesia evangélica y un centro social. En total, unas 20 viviendas están afectadas, y sus ocupantes han pasado ya la primera noche fuera de sus hogares. No será la última. La mayoría han optado por quedarse con familiares y amigos, cerca de sus casas, y ahora tratan de retirar el lodo y recuperar los enseres para volver cuanto antes. La mayoría se amontona en grandes montones de basura, porque son irrecuperables. «Con la casa así no podemos estar, hemos tenido que tirar hasta el colchón», exclama uno de los damnificados, que muestra la magnitud de los daños en su vivienda. El camino que pasa sobre el encauzamiento de uno de los dos arroyos que se desbordaron también está dañado, por lo que una parte permanece acordonada.

En El Limonar, el principal frente de batalla está en el colegio Madre Asunción, que ha quedado cubierto de barro y con los bajos anegados. Pero con la riada ha llegado también una ola de solidaridad al barrio. Decenas de padres, alumnos y antiguos estudiantes, junto a los profesores y las monjas que gestionan el centro, se han remangado y llevan todo el fin de semana trabajando codo con codo para limpiar las instalaciones y poder continuar con las clases. Llegan armados con escobones, mangueras y palas, y cuentan además con el apoyo de una excavadora del Ayuntamiento y de un camión cuba. «Hay gente que lleva aquí trabajando desde las siete de la mañana», explica uno de los padres, que ha pasado por una tienda para comprar una pala y una fregona.

Los paseos de Miramar y Limonar, transformados en improvisadas avenidas del desbordado arroyo Toquero, confluyeron en el paseo de Sancha y en Pintor Sorrolla, primero, y en el paseo marítimo Pablo Ruiz Picasso, después. La desembocadura de la riada se convirtió en un lodazal. Ayer, operarios municipales y de empresas contratadas se afanaban en retirar las montañas de barro y cañas para permitir que los vehículos circularan con normalidad. En el paseo de Sancha, dos garajes quedaron anegados por el barro. Uno de ellos está en superficie, por lo que no afectó a los vehículos. En el otro, sin embargo, el agua marrón llegaba ayer casi hasta el borde de la entrada, afectando a una decena de turismos. «El arroyo se desbordó, saltó el puente y empezó a entrar en la urbanización. Desde las inundaciones del 89 cada vez que llueve fuerte observamos el agua. A nosotros nos dio tiempo a sacar el coche pero otros no pudieron, porque iba rapidísimo», narra Marién Juárez.

El barrizal va desapareciendo poco a poco de la calzada al alejarse de la zona del Limonar. Las desembocaduras de los arroyos Jaboneros -que marca la frontera imaginaria entre Pedregalejo y El Palo- y Gálica -que delimita al este la barriada malagueña- amanecieron llenas de barro y cañas. Aunque el caudal ya había dismuido considerablemente, el agua aún bajaba con fuerza hacia el mar. «¡Esto no es nada comparado con lo de ayer (por el sábado)!», comenta un vecino. El paseo marítimo ha quedado cubierto por una pátina de barro y las playas se encuentran descarnadas.

El centro de Málaga recuperó ayer poco a poco la normalidad, aunque el rastro de la tromba aún era patente en distintos puntos como el parking subterráneo de la avenida de Andalucía y varios locales comerciales que se anegaron cuando el agua cubrió por completo el entorno de la calle Hilera y las alcantarillas no daban abasto para desesperación de los afectados.

Similar era ayer la situación en la Carretera de Cádiz. En cuanto volvió a llover por la mañana se reprodujeron las considerables balsas de agua en el eje formado por las avenidas Héroe de Sostoa y Velázquez , aunque sin llegar a los extremos del sábado, cuando la acumulación de agua obligó a interrumir la circulación desde Juan XXIII hasta el Torcal. «Llevo 12 años trabajando aquí y jamás había visto esto; desde que hicieron las obras del metro cada vez que llueve con fuerza tenemos problemas», denunciaba Ramón López, empleado de la gasolinera Alaska. Las sospechas sobre si los trabajos del suburbano han mermado la capacidad de las alcantarillas eran ayer generalizadas. «El agua nos llegó a la puerta. Antes no se formaban tantas balsas», recalcó Francisco Fernández, de la cafetería La Paloma.

Ajenos a la polémica, los bomberos se afanaban ayer en retirar los enormes árboles que se desplomaron en el patio del colegio Santa Luisa de Marillac, que finalmente podrá abrir hoy sus puertas.

 

Causas: El embovedado reventó en al menos dos puntos al formarse un tapón por el desprendimiento de rocas en Monte Dorado y el arrastre de objetos depositados en el arroyo. Los operarios hallaron una lavadora y una rueda de camión que fueron abandonados en el cauce, y que agravaron el tapón.

Causas: Al desbordarse uno de los arroyos, el agua arrastró dos grandes cubas de obra (como si fueran contenedores), que fueron a parar a los ojos de buey y formaron un tapón junto a las ramas y las piedras que llevaba la corriente.

Causas: El cauce, que llegó a alcanzar una cota de 3 metros, se desbordó en el puente de Don Wifredo y convirtió los paseos de Miramar y Limonar en dos arroyos más.

Causas: Las alcantarillas fueron incapaces de evacuar toda el agua.

 

sábado, 3 de noviembre de 2012

Recibo al otoño





 

Recibo al otoño cuando hace emigrar las últimas horas del verano,

días de siesta no recuperables.

Otoño de hojas caídas y girasoles que ya no obedecen,

de noches calladas, sin ruidos.                                                                

El otoño, granero de invierno,

me alcanzó en el sur con lluvias mal repartidas y exageradas.

Aguas que quiebran sueños y siembran desastres.

 

Este otoño jóven de hoy,

oloroso de lluvias,

está herido de otras tormentas, de voces,                                                                         

de presagios,

ecos de riesgo y discordia.

Está triste el otoño.

Otoño de luces tíbias, como adormecidas,

de marrones y ocres que visten sus campos de elegante nostalgia.

 

Me acerco al otoño

a los senderos casi perdidos, sin diálogo,

ante la mirada impávida del tiempo

y la realidad agostada en el olvido.

Irrumpen límites y humos

sombras que imponen mordazas,

caminos fragmentados,

precipicios y recodos donde la palabra se oculta.

Sueños incoherentes.

Después ... ¡nada! ...

 
19 octubre 2012