jueves, 13 de noviembre de 2008

No hay marionetas en el otoño


Ha buscado en la tierra desesperada y rota las raíces de los árboles fallecidos. Le conmovió la ausencia de una atmósfera impregnada de recuerdos: había olvidado la fragancia del verde recién cortado, el suave balanceo de unas ramas donde columpiar su comportamiento. Toda su vida fue perseguir imposibles existencias, inquietantes futuros, mirar detrás de la linea que le separa del Más Allá. Se quedó sin conocer las respuestas ¡Pobre marioneta colgada de un destino sin palabras! Quiso alcanzar la plenitud en lo proyectado, en lo preciso de su color, pero no tuvo respuesta válida y se convirtió en juguete de su propia desilusión.

Nadie notó su ausencia al desaparecer con sus otoños para siempre.

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