viernes, 13 de noviembre de 2009

Una pasión que compromete





De pequeña tenía dos aficiones: coleccionar cajas y cromos, y leer. De las cajas puedo decir que me gustaban todas, grandes, pequeñas, redondas. Podían ser metálicas, de madera, pero generalmente eran de cartón. En más de una foto de entonces se me ve abrazada a una de aquellas cajas –algo churretosa y no en muy buen estado- como si tuviera miedo que me la fueran a quitar. No sé qué es lo que guardaba en ellas, pero no era su contenido lo que me hacía quererlas. Esta aficción se quedó un poco en el olvido, pero aún hoy siento el hormigueo del deseo secreto de posesión. Los cromos fueron simplemente un entretenimeinto pasajero, y el tener algunos que no tuvieran mi hermana y mis amigas y compañeras de colegio, me hacía conocer momentos de autoridad.

Con la lectura fue diferente. Cuando me encontré con los libros hubo un momento muy marcado en mi tiempo con un antes y un después. Pero entonces aún no tenía tanto recorrido como para saber apreciar esa diferencia. Eran libros de la colección "Marujita" de Ediciones Molinos, que encontré en un viejo armario en casa de mis abuelos. Habían pertenecido a mi madre, de antes de la guerra y el precio estaba dado en céntimos. Fueron los primeros libros que leí y que me pertenecieron. Títulos como "Las travesuras del gnomo pegón", "El duendecillo de la chimenea", "La casa encantada", "Un gato en el país de las hadas" y muchos otros, daban paso a historias que se desarrollaban en un espacio a donde llegaba por senderos ocultos o puertas invisibles en la imaginación, con personajes que vivían en casitas mágicas que andaban y hablaban. Un paisaje distante de bosques, árboles, plantas, y flores, hacía que, con la fantasía rica que tienen los niños, me transportara a un mundo de magias. La lectura de aquellos primeros libros influyó mucho en aquellos años, y aún hoy sigo convencida de que voy a descubrir algún día esa tierra encantada que me daban a conocer.

Ahora mi relación con los libros tiene el carácter de una pasión que compromete mi tiempo, y me sorprende con palabras, espacios, imágenes desprendidas de inocencia, fantasías que acuno entre mis manos. Transito en sus páginas entregándome al tacto y al olor que desprende su materia. Me gusta sentir su peso y esa especie de caricia que me alcanza desde sus hojas donde se guarda la memoria escrita. Colecciono libros, los que tenía, los que me regalaron, los prohíbidos, los que compré después. No puedo dejar atrás ninguno. Llegaban y se quedaron para siempre conmigo.

imagen: centres.escola.org

1 comentario:

Carrachina dijo...

me acuerdo que a mi lo que me gustaba era disfrazarme con los vestidos de mi madre y los zapatos de tacón.
el amor por los libros me llegó después, tuve que leer mucho para poder comprender, por que empezé tarde a leer, me costaba bastante, pero ahora los libros son una parte muy importante de mi vida, mis amigos más fieles que me acompañan siempre.
Un abrazo, me encanta como cuentas las cosas.