viernes, 12 de agosto de 2011

Llegué


Llegué
celebrando la luz.
Un aire blando sembró susurros
con acentos de paz.
La casa y los quehaceres me esperaban
con el tráfago de siempre.
Hablé a mi sombra.
Recorrimos juntas todas las estancias.
Nos adentramos
en los pasillos interminables
donde se acomoda la fidelísima vida
ajena a cualquier oficio
que turbe la rutina.
Allí aguardo
que la casa despierte de una ausencia
como ocurre todos los veranos
cuando abro armarios y guardo mis recuerdos
entre las sábanas perfumadas de lavanda.

2 comentarios:

Camino del sur dijo...

Que rico cuando es nuestra propia sombra quien nos acompaña. Me han encantado estos versos es tan real el sentimiento que traspasa de esas vivencias que a pesar de la distancia y la cultura tan distinta, de alguna forma nos iguala.
"Allí aguardo
que la casa despierte de una ausencia
como ocurre todos los veranos
cuando abro armarios y guardo mis recuerdos
entre las sábanas perfumadas de lavanda"

Cariños

ANTONIO CAMPILLO dijo...

Tu sombra debe sentir una gran satisfacción al ser confidente de tan bellas palabras.

Las rutinas empezarán pero nunca podrán borrar lo vivido ni lo primorosamente guardado en el inmenso armario de tus recuerdos.

Tus espléndidos versos, Pilar, lanzan en todas direcciones realidad, añoranza y felicidad.

Un fuerte abrazo.