lunes, 31 de diciembre de 2012

El año que siempre llega




Vuelve entre delirios de relojes y arrepentimientos. Tan atractivo como todo lo nuevo, sus promesas de una distinta fortuna me retienen con palabras de felicidad y éxito; todo un brindis que me seduce. Sensaciones que me acercan al pálpito de las mejores cosas que yo busco con empeño. Aunque no tengo prisas, es él quien me impone su presencia en noches compartidas con imágenes de cambios y diáfanos amaneceres, pasión in crescendo hasta un futuro que tendrá una conjugación perfecta, un carpe diem tan deseado siempre, una constante hacia lo eterno, que me olvido de estos días blancos en los que necesariamente tengo que dejar huellas. Tránsito que se insinúa con la impronta de los meses y la evidencia tenaz de lo distinto. Cuando se acabe su estímulo me arroparé en trémulos reproches, y él volverá de nuevo a robarme el espacio con la esencia de un declive armónico y sincronizado. Su tiempo se hará entonces pretérito.
 
 

2 comentarios:

Esther Rubio dijo...

ya sabes ando estudiando pero siempre me acuerdo de mis amigos blogueros y mas en estas fechas, un abrazo y pasalo genial, disfruta este ´´ultimo dia del año.
Besazos.

ANTONIO CAMPILLO dijo...

Excelente escrito al año que pasó y al que nace. Tus palabras tranquilizan el espíritu y nos recuerdan lo importante de vivir con intensidad cada instante. Vivir el momento, sentir todas las circunstancias, amar todas las oportunidades. Un CARPE DIEM como lo escribían los romanos, con mayúsculas porque no tenían otras letras, claro.
Pero nosotros que sí la tenemos debemos engrandecer la delicia de cada momento.

Un fuerte abrazo, querida Pilar.