jueves, 7 de abril de 2011


Se ha despertado con una sensación abrupta de desconcierto. El sol comienza a distorsionar la luz frágil de este amanecer. Frente a ella el monte va pespunteándose de sombras, y el olor de las higueras hace presentir un nuevo día de calor. El terral - hoy tempranero – aprieta su piel hasta despertarla totalmente, sin contemplaciones, para no hacerle olvidar que hay aquí mucho más que la tierna suavidad del mar. En la realidad transparente de la hora rescatan los azules sus imágenes, le ayudan a recuperar las palabras que dejó atrás, le hacen sentir el latido de unos recuerdos aparcados. El mar, con su compás detenido en el tiempo, es el que aplaca la desazón de la herida que provocó la distancia y humedece sus raíces sedientas de identidad.


Unos gritos recios anuncian la llegada de unas jábegas con su carga de historia y baja hasta la Caleta. Se adelantan unas gaviotas deslumbradas por el bullir de la pesca. En un instante están sus inasibles huellas en la arena, mientras en la orilla se rompe el agua en mil pedazos. Mañana se habrá disuelto su añoranza. Mañana todo habrá ocupado su lugar.

2 comentarios:

ANTONIO CAMPILLO dijo...

Pilar, mi más sincera admiración. Es muy difícil vibrar y sentir con tanta fuerza.

Que la larga y lenta espera sea provocada por la distancia. Que se presienta un reencuentro y un olor tan sutil como las huellas en la arena. Que, en fin, se trate de rescatar los azules de las imágenes perdidas, sólo puede ser percibido por quien ha vivido con una intensidad absoluta los olores, las heridas de la distancia, los azules…

Un fuerte abrazo.

Nómada planetario dijo...

Cómo disfrutas de la tierra. Hoy anduve por Pedregalejo, aquello era un hervidero ya. Día de playa total.
Oí en la radio que van a invertir unos nueve millones de euros en restaurar el Caminito del Rey, pero lo mismo es otra promesa electoral más.
Un abrazo.