martes, 7 de junio de 2011
domingo, 29 de mayo de 2011
jueves, 12 de mayo de 2011
Pasiones
Cuesta retomar el lenguaje de esta tierra mía y duele la memoria del constante desafio del tiempo con las imágenes de antes, pero me gusta volver en esta época del año con el azahar en el aire, los claveles reventados, el romero y la cera por las calles. Encuentro el espacio y los paisajes cambiados y ya no puedo alcanzarlos con la rapidez acostumbrada. Sin embargo, también en esta ocasión he acudido a la cita de siempre atraída por esa identidad religiosa que la ciudad manifiesta sin caer en la rutina, por el esfuerzo de su gente apresurada y por la devoción exaltada entre un cierto desorden que he vivido en las noches de esta Semana Santa. Una semana en la que nos desdoblamos en dos: expectadores y actores de una historia escrita y que se sigue escribiendo. Siete días de aplausos y lágrimas, de palios y bambalinas, símbolos y rituales que hacen sentir La Pasión de una manera propia y especial pero no menos intensa, exaltada, exigente. Lo descubres en los cofrades, en los que llevan los tronos, en los ojos de los nazarenos, en la espera repetida de las imágenes. Desfilan con pasos concertados con la tradicción de una cadencia rítmica, y siempre el redoble del tambor, la campanilla, la candelaria encendida, y el valor de los que suben todo el peso en sus hombros, en un alarde de fidelidad compartida hasta llegar con ellas en sus casas de hermandad, donde sólo les queda esperar hasta la próxima Semana Santa para salir. Una semana, siete noches para La Pasión del sur.
Y yo volveré y me veré obligada a vivir otra clase de pasión que ha ido conjugando desde siempre mi identidad con la misma exaltación que tuvieron los desfiles. Una pasión que fija límites en el órden establecido de las cosas, que desafía voluntades, que levanta la voz para imponer sus condiciones sin querer asumir el tiempo que le queda, y que también nos obliga a marchar con pasos y por sitios concertados. Pero volveré a esta tierra y mi memoria se hará audaz enfrentándose a las imágenes de entonces. Volveré y seguiré hablando, con un lenguaje sin hostilidad, de mis propias emociones. No habrá fidelidad, pero quizas así pueda enfrentarme y vencer los tiempos imperativos que restan.
viernes, 8 de abril de 2011
A punto de partir pero todavía no
"Las vacaciones verdaderas no son viajes de descubrimiento sino un ritual de tranquilidad"
A.Philip Adams
Estaré unas semanas en el sur, en Málaga
Me reconozco al límite de la resistencia ante un equipaje que cada vez exige más. ¡Este viaje no es para siempre! -me digo- y sigo buscando lo que la memoria suele olvidar, como son unas llaves perdidas, el pasaporte que no está donde debe, el libro que tenía reservado para esta ocasión. Nunca se está completamente a punto de partir. Acechan además razones para impedirlo: problemas que en esta última hora escogen el momento de mostrar sus quebrantos, y rompen la estabilidad de lo programado. Pero sobre todo es el tiempo lo que domina a los que se quedan con la ausencia y la distancia, y será el desaliento el que moldee el miedo a la soledad. Para quien – en el vértice de sus años- no entiende de distancias y ese tiempo es un futuro que teme inalcanzable en la quietud que vive el suyo, la espera está inmersa en el acoso del silencio de sus días.
Todo es parte del equipaje que lleva el que está a punto de partir, compañero inevitable que acompañará cada capitulo de esta historia.
jueves, 7 de abril de 2011
Se ha despertado con una sensación abrupta de desconcierto. El sol comienza a distorsionar la luz frágil de este amanecer. Frente a ella el monte va pespunteándose de sombras, y el olor de las higueras hace presentir un nuevo día de calor. El terral - hoy tempranero – aprieta su piel hasta despertarla totalmente, sin contemplaciones, para no hacerle olvidar que hay aquí mucho más que la tierna suavidad del mar. En la realidad transparente de la hora rescatan los azules sus imágenes, le ayudan a recuperar las palabras que dejó atrás, le hacen sentir el latido de unos recuerdos aparcados. El mar, con su compás detenido en el tiempo, es el que aplaca la desazón de la herida que provocó la distancia y humedece sus raíces sedientas de identidad.
Unos gritos recios anuncian la llegada de unas jábegas con su carga de historia y baja hasta la Caleta. Se adelantan unas gaviotas deslumbradas por el bullir de la pesca. En un instante están sus inasibles huellas en la arena, mientras en la orilla se rompe el agua en mil pedazos. Mañana se habrá disuelto su añoranza. Mañana todo habrá ocupado su lugar.
viernes, 1 de abril de 2011
jueves, 17 de marzo de 2011
La realidad de un sueño
Refugiada en los sueños, se aferra a su imagen como náufrago a la vida. Le sobrecoge la idea de no poder sujetar su recuerdo, perdido en la intensidad hiriente de la ausencia. Se pregunta cómo hacerlo: aún tiene reciente sus caricias dormidas sobre la piel, aquel suave pleamar que se enredaba entre sus brazos, su sabor y su sentir. ¡Cuánto le falta! La sensación de añoranza sigue aumentando, le abruma. De nada sirve que no lo pierda definitivamente si se siente esclava de las distancias y llora ese recuerdo que sus lágrimas van dejando caer. Hoy el sueño se lo ha traído de nuevo. Ha surgido de la niebla húmeda que abre surcos blancos en el antracita de las noches. Así aplacó el miedo, pero no olvida los azules que dominan su pasado, y siente envidia de las gaviotas, dueñas de sus deseos, que pasan la vida meciéndose en él.
sábado, 5 de marzo de 2011
Una pérdida muy sentida
Le habíamos visto crecer, sin límites y en rápida monotonía con los años. Era un chavalillo en el que ya empezaban a destacar algunos de los rasgos que le caracterizarían más tarde: alto y flexible en lo adverso del tiempo. De pequeños, mis hijos gustaban de acercarse hasta él y buscar el refugio de sus brazos. A veces yo temía por su calma cuando le involucraban en sus juegos con la rudeza y la fogosidad de la edad, pero se mantenía siempre como el símbolo de la verticalidad y nunca le vi gesto de enojo o de congoja.
Cayeron las hojas para él y para mí, se nos fueron marcando pliegues con descaro. Su presencia era una constancia fiel, donde yo reflejaba el recuerdo de aquellos otros que mecieron mis infantiles caprichos, aunque no sé muy bien quién de los dos ambicionaba más la luz y un baño silente de azules. Me asombraba su carácter, su instinto de conservación que le enfrentó con frecuencia a una naturaleza caprichosa con esa magia que le hacía elevarse por encima de nosotros, mientras yo sentía tiritar mis raíces. No había nada que le doblegara. Sólo hubo una ocasión en que le faltó viveza y necesitó tiempo hasta que recobró el color fresco de su piel, y siguió compartiendo la esencia de la vida. Volvió a danzar en el aire.
Eso fue el ayer, hoy es el dolor y la derrota al ser vencido por una naturaleza borrascosa y tenaz, que abatió su vida dejando que el viento abriera una herida en la tierra sin defensas. Con él ha desaparecido un compañero fiel, bajo cuya sombra nos cobijábamos durante los veranos.
jueves, 24 de febrero de 2011
Imposible retorno
Azucarera Hispania (año 1962/1963)
*****
Ahí, donde la casa se erguía señorial y altiva,
no queda nada, solo tierra solitaria y triste…
Busqué un alma y encontré palmeras,
faros vigilantes en un mar de rastrojos secos,
recuerdos de un jardín umbroso y fértil,
hoy árido y yermo, sombras del pasado
que se diluyen…
Un mundo que fué y no es,
latidos de entonces que dañan
dejándonos heridos y sin aliento…
¡Quisiera ser golondrina sin memoria
en el camino perdido del retorno !
martes, 22 de febrero de 2011
Kippenberger miró a Picasso
martes, 22 de febrero de 2011
Publicado por
Masdearte.comKippenberger miró a Picasso
El Museo Picasso de Málaga analiza la influencia de la producción del andaluz en la obra del alemán
MUSEO PICASSO MÁLAGA
c/ San Agustín, 6 29015
Málaga
Del 22 de febrero al 29 de mayo de 2011
De martes a jueves, de 10:00 a 20:00 horas
Viernes y sábado, de 10:00 a 21:00 horas
Comisaria: Eva Meyer-Hermann, comisaria independiente
Fallecido prematuramente en Viena hace trece años, el alemán Martin Kippenberger forma parte de una generación de creadores germanos que ha tratado de abordar el papel del artista en la cultura contemporánea. A finales de la década de los ochenta residió en nuestro país y aquí creo una serie de trabajos influida de manera decidida y directa por Pablo Picasso, cuya producción ya le había atraído desde sus inicios.
El Museo Picasso presenta desde mañana su muestra más destacada hasta la fecha en España, "Kippenberger miró a Picasso", una exhibición que nos acercará a la multidisciplinar trayectoria del de Dortmund, que cultivó disciplinas muy diversas (pintura, performance, escultura, dibujo, instalación e incluso música) desde una extraordinaria fuerza expresiva y manteniendo como constantes la ironía y la controversia, reflejo de su agitada vida personal y de su gran conocimiento de la historia del arte.
Reconocido ya en vida, sus mayores éxitos han sido póstumos y la mayor parte de sus muestras individuales han tenido lugar en museos estadounidenses.
En Málaga podremos rastrear las conexiones entre obras maestras de Picasso y de Kippenberger, quien ya desde su infancia pudo ver, colgadas en las paredes de su casa, reproducciones pictóricas de obras del genio cubista. En los trabajos del alemán son frecuentes las referencias explícitas a la obra picassiana; la más clara podremos verla en su libro "De la impresión a la expresión. Cuarto de siglo de Kippenberger", que el artista editó con motivo de su vigésimo quinto aniversario bajo el nombre de Editorial Herederos de Pikasso (cambiando la c por la k de su inicial).
A mediados de los ochenta, el alemán realizó un cartel y una tarjeta de invitación, también expuestos en el MPM, para una muestra en Canarias. Se inspiró para la ocasión en una instantánea tomada por Douglas Duncan en 1962 en la que retrataba a Picasso en pose orgullosa. La misma imagen le serviría de inspiración para la elaboración en 1988 de las fotografías que ilustraron un calendario y de una serie de autorretratos a gran tamaño que pintó en la localidad sevillana de Carmona. Algunos de estos óleos se mostrarán también en Málaga.
A partir de los retratos fotográficos que Duncan realizó de Jacqueline Roque, la última mujer de Picasso, Kippenberger llevó a cabo su serie de óleos Jacqueline: los cuadros que Pablo ya no pudo pintar. Varios de ellos estarán presentes en la exposición. Ahondan en los difusos límites entre retrato y autorretrato, entre la identidad y la pérdida, entre lo femenino y lo masculino.
En el MPM podremos ver 55 trabajos entre pinturas de gran formato, esculturas y dibujos; 48 libros de artista y 73 carteles y tarjetas de invitación, así como textos y entrevistas en vídeo que documentan la ambivalente mirada de Kippenberger sobre el malagueño, a medio camino entre el fervor y el descreímiento. La muestra se completará con una selección de piezas de Medusa (1996), en las que el alemán llevó hasta el límite su concepción del autorretrato como representación trágica de la propia existencia. El propio artista posó, imitando las posturas de las figuras de La balsa de la medusa de Géricault, para la fotógrafa Elfie Semotan.
lunes, 7 de febrero de 2011
Siempre la lluvia
Me despertó el latido amenazante del reloj, con la sensación de haber sido vencida por el destino. Las cortinas abiertas de la ventana mostraban un amanecer envuelto en una niebla blanda, que dejaba churretones húmedos en los cristales. El día prometía gris con mucha agua. Mientras dejaba pasar indecisa unos minutos, sentí como las alas del –todavía– presente sueño rozaba mis párpados, y me abandoné a las imágenes que trae siempre la palabra lluvia, tan cerca de mí y tan constante. Lluvia que se había presentado doblada en dos: llanto, letanía triste, zumbido lacerante; temor, repetida sumisión, hasta tener que ganarse su presencia. Silencioso roce frente a una fuerza dominadora que destruye, inundando exigente nuestros deseos, que se impone engendrando contradictorias vidas. Siento muy cerca la palabra lluvia, abriendo camino, disipando la niebla que su presencia lleva consigo. Yo, más que dejarme rozar me entrego a ella. No hay elección posible. Antes de despertar me impone con frecuencia su presencia, silenciosa o impulsiva, mansa, también alegre, o esbozando futuros inciertos, sin olvidar la vida que empieza en ella. Imágenes que me hace llegar hasta hacerme ver que la lluvia, al igual que la felicidad, recoge diferentes frutos de su siembra. La lluvia, siempre contradictoria, siempre presente.
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