lunes, 19 de enero de 2009

Siempre la lluvia en Holanda


Me despertó el latido amenazante del reloj, con la sensación de habersido vencida por el destino. Las cortinas abiertas de la ventana mostraban un amanecer envuelto en una niebla blanda, que dejaba churretones húmedos en los cristales. El día prometía gris con mucha agua.
Mientras dejaba pasar indecisa unos minutos, sentí como las alas del – todavía – presente sueño rozaba mis párpados, y me abandoné a las imágenes que trae siempre la palabra lluvia, tan cerca de mí y tan constante. Lluvia que se había presentado doblada en dos: llanto, letanía triste, zumbido lacerante; temor, repetida sumisión, hasta tener que ganarse su presencia. Silencioso roce frente a una fuerza dominadora que destruye, inundando exigente nuestros deseos, que se impone engendrando contradictorias vidas.
Siento muy cerca la palabra lluvia, abriendo camino, disipando la niebla que su presencia lleva consigo. Yo, más que dejarme rozar me entrego a ella. No hay elección posible. Antes de despertar me impone con frecuencia su presencia, silenciosa o impulsiva, mansa, también alegre, o esbozando futuros inciertos, sin olvidar la vida que empieza en ella. Imágenes que me hace llegar hasta hacerme ver que la lluvia, al igual que la felicidad, recoge diferentes frutos de su siembra. La lluvia, siempre contradictoria, siempre presente.

viernes, 16 de enero de 2009

El placer del hielo

11 enero 2009
Con esta bonita estampa se me olvidan todos los inconvenientes del frio


De Stentor:
foto de Anthony Leleulya, Kampen


martes, 6 de enero de 2009

Maratón sobre el hielo


Elfstedentocht: el maratón de las once ciudades sobre el hielo


No hay que profundizar mucho en las pupilas de los holandeses para descubrir lo fanático que son por el hielo, y por los deportes que se juegan sobre él. Unos días de heladas constantes y ya se les va calentando el ambiente. En la imaginación de todos una pregunta silenciosa: ¿se correrá este invierno el maratón de las once ciudades sobre hielo? La respuesta es lo que más distrae la serenidad de su existencia, lo que provoca marejadas en un carácter que no conoce el duende y no sabe qué es el verdadero calor. Y es que no hay nada más excitante para ellos como alcanzar el equilibrio sobre dos afiladas cuchillas, y mucho más si es a toda velocidad. Sus preferencias están en hacerlo sobre hielo natural, que para eso hay en abundancia en este país cuando llegan los inviernos. Cualquier sitio es bueno: ríos, lagos, canales, acequias, y cualquier charco que se precie de tener la necesaria profundidad. Pero el sueño de cada uno de estos seducidos patinadores es ser protagonistas en el famoso maratón de 220 kilómetros de agua congelada, trayecto que une once ciudades entregadas al hielo.

Una peregrinación exaltada acude desde todos los sitios del país, y también de fuera, para presenciar este intento de competir con el tiempo en velocidad y resistencia. En la oscuridad de una amanecida invernal se da la señal de partida. El frío, el viento, y la nieve, exigen manos, pies, y narices congeladas, en un paisaje detenido para verlos pasar, pero todo es poco para aquellos que quieren dejar su nombre en la historia del maratón. Y el final, como en los cuentos, tiene su parte feliz y también la que no lo es tanto. La meta se cierra a media noche, y el participante – como cenicienta – no podrá llegar después de las doce. De nada le servirá haber estado en danza todo el día y parte de la noche: para él no será la crucecita de plata que acredita su participación. Será la gran desilusión de su vida.


(El maratón de patinaje se efectua en Frísia. Esta provincia está situada en el norte de Holanda. Tiene una superficie de 3431 kms2 y 472000 habitantes. Sus lagos y canales la hacen ideal para el recorrido de 200 kms. continuos sobre hielo, a traves de once ciudades. En los últimos 28 años sólo tres veces pudo ser efectuado, ya que deben de coincidir una serie de circunstancias climatológicas que hagan posible el recorrido de todo el trayecto, sobre un hielo de un espesor entre 13 y 15 centímetros. En el siglo 20 han sido quince las ocasiones en que se dio la señal de salida. La última en 1997 con 16000 participantes y una duración de 6 horas y 49 minutos por el ganador, que comparándolo con el primer maratón, organizado en 1909, en el que participaron 23 corredores y un tiempo de 13 horas y 50 minutos para el primer llegado, demuestra el aumento del interés y el perfeccionamiento del recorrido)

Paisaje nevado


Aquietado el aire en el frío blanco de la tarde
trazan las horas pinceladas de violeta en el cielo.
Solo una rama quiebra el silencio y cae
sobre un camino donde no florecen las huellas de los pasos.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Prólogo a un esperado encuentro



Dedicado al 2008

Me entrego a lo inevitable, y oculto la creciente inquietud trás secuencias que apuntalan los últimos momentos.

No hay nada más que hacer, ya no hay demora posible, sólo la incondicional ausencia, y un inasible retorno dejará paso al nuevo ciclo de la vida, que espera en el
vientre grávido de las horas el morir de tus latidos.

El tañido del reloj y un avejentado almanaque seguirán mostrando la dimensión del tiempo.

domingo, 28 de diciembre de 2008

La nieve me dio la bienvenida


Ya he regresado al silencio y a la quietud del blanco de mi entorno. El frío me hace extremecer pero no consigue entibiar las cálidas sensaciones traidas desde allí, imágenes de una ciudad en la que lo cotidiano refleja la emoción intensa del encanto de su historia, y donde tengo anclados tantos íntimos recuerdos entre el bullicio de unas calles y las prisas de la vida. Cada encuentro con ella lleva también el riesgo de la separación, hiriendo ese cordón umbilical que nos une, pero vuelvo y guardo las huellas en mi sensibilidad curada.

Esta vez llegué a una ciudad con nostalgias de Navidad, que me abrazó con su luz y un sabor a primavera. Anfitriona, y presumiendo de siglos, puso como siempre a mi disposición una muestra de su arte que inundó mis ojos con contornos y figuras, perfiles y colores, personajes silenciados en lienzos, piedras que se enfrentan al tiempo implacable. Pero esta vez, además, me hizo sentir centro de un espacio en el que la voz se irguió sobre la ficción horizontal de la palabra escrita: química tangible al descubrir las miradas cómplices de los amigos. En el contacto de sus brazos abiertos fui protagonista en el cerrado círculo del tiempo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Ghosts of Christmas: El espíritu de la Navidad



Charles Dickens está de nuevo aquí, envuelto en el olor del ponche y las castañas asadas, y yo vuelvo a dejarme conquistar por ese aire inglés de Navidad que llega con su visita. La nieve este año es real, y al calor de la fogatas encendidas en las calles se acercan los personajes traídos por él, entre temblorosas luces, árboles de Navidad, y casas restauradas de la época. No sólo en las calles, sino a través de ventanas y puertas abiertas entras en el ambiente romántico y lleno de contrastes del siglo XIX.

Esta vez quiero alcanzar el tiempo y retroceder, cruzar esa línea que separa lo verdadero de lo imaginado en sus cuentos, vivir en el presente las historias de los libros. Me veo avanzando por esas calles anfitrionas de la ciudad. Hace frío. Copos de nieve dan el toque blanco al color en las mejillas de la gente. Pronto me encuentro rodeada de una abrigada multitud, deseosa igual que yo de conocer a los verdaderos protagonistas del día: vendedores de periódicos, deshollinadores, huérfanos desharrapados, mendigos y locos, rateros, niños que ofrecen en venta. En el recorrido también me cruzo con damas elegantes y caballeros con sombreros de copa. Más adelante me enfrento a un grupo de exaltadas señoras que exigen el derecho a voto, mientras vendedores muestran sus mercancías y un muchachito anuncia las noticias del periódico que ofrece.Tengo un encuentro con Ebenezer Scrooge tan desagradable como siempre, con la pequeña Dorrit, con el distinguido señor Pickwick. A Oliver no hay quien lo pueda coger, y David Copperfield muestra el buen carácter que nos contaba Peggotty. En una esquina un contador de cuentos entretiene a un grupo de curiosos, y hay un momento de confusión cuando atisbamos a la reina Victoria a través de los cristales de una carroza.
El aire frío trae cerca las notas de un coro que canta a la Navidad mientras el día cuenta tenaz las horas. Voy pasando de un libro a otro recogiendo cada una de las historias. Los personajes se muestran cansados y se hacen reales, toman propias decisiones, manifiestan sus derechos. Se han hecho noticia que atrae a miles de visitantes para asistir a esta cita cada año, y así saben que volverán a copiar la moda de entonces, a airear los disfraces, a desempolvar sombreros, y ensayarán canciones y textos para dialogar. Así cuando el rumor de la ciudad vuelve a sus actuales dimensiones, los protagonistas del día regresan al silencio de las letras. Allí dormirán el sueño reparador que los harán tan apetecibles, tan deseados como cada año.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Personaje de leyenda


5 de diciembre: fiesta de Sinterklaas en Holanda

Los Reyes Magos no llegan hasta Holanda, la distancia es demasiado larga para tres reumáticos camellos, pero los niños holandeses no se pueden quejar porque también tienen quién les lleva los regalos: un ancianito de largas barbas blancas, con un montón de siglos echados a las espaldas, hace felíz a los que se portan bien.

Se conoce poco de los primeros años de vida de este santo varón que nació allá por el siglo III al que le pusieron de nombre Nicolás, y que llegó a ser obispo de Myra, lugar situado en lo que hoy es Turquía. Según ciertas crónicas su vida está marcada por una serie de milagros. Se cuenta que en su edad adulta fue en peregrinaje a Jerusalén. Durante la travesia un fuerte viento arrastró uno de los mástiles del barco, golpeando a un marinero que resultó muerto. Cuando el tiempo quedó en calma y los tripulantes más tranquilos, vieron como después de una oración del santo el marinero volvía a recobrar la vida. Pero la fama de su nombre llegó después de su muerte, un 6 de diciembre del año 342. Desde Myra y Constantinopla se extendió su devoción por toda la Iglesia griega y rusa. De ahí pasó en el siglo IX a Italia y en el X a Alemania, Inglaterra y Francia. Como consecuencia de la invasión turca de Asia Menor, sus restos fueron llevados a Bari en el sur de Italia, donde parece que descansan ahora.

Lo curioso es que en esa fecha -6 de diciembre- no es la muerte sino el cumpleaños del santo lo que se recuerda. El día anterior, 5 por la mañana, hace su entrada oficial en la ciudad, acompañado de afanosos ayudantes negros –Zwarte Pieten- que son los que hacen las compras en los grandes almacenes. El viaje lo hace en barco de vapor desde Madrid, donde según la tradición vive. La leyenda echa una mano para explicar que esto no es un capricho, descubriendo que los holandeses se equivocaron y no es Italia sino España el lugar que escogieron para dejar reposar sus restos. De ahí también el color de sus ayudantes: era el tiempo de una España árabe y eran servidores moros los que acompañaban siempre a San Nicolás. Pero otro rumor popular -y por el que me decanto- dice que el motivo del color es que andan a menudo entre chimeneas y después ya no tienen tiempo de lavarse ... ¡quién puede estar seguro de saber la verdad!

Cuando ese día llega la embarcación, adornada de banderitas holandesas y españolas a la ciudad, es recibida por el alcalde que será quien le entregue al santo las cartas que escribieron los niños. San Nicolás va vestido con túnica blanca y manto rojo, lleva en la cabeza una mitra del mismo color con cruz dorada, símbolo de la autoridad eclesiástica, y en las manos un báculo dorado y un libro con los nombres de los niños que se han portado bien. ¡Ah, y para prevenir confusión con otros que se quieren hacer pasar por el santo, el verdadero lleva una fina estola roja también al cuello! Los niños ataviados con gorritos de papel y agitando banderitas, cantan a todo pulmón –seguramente para entrar en calor- canciones dedicadas al santo. Después San Nicolás dará un paseo por la ciudad en un caballo blanco que tiene por nombre Américo. Pueden imaginarse los lectores que, debido a la alta edad de este venerable señor y lo resbaloso de las calles heladas, se toman las debidas precauciones para evitar caídas.

Los niños no tienen que esperar hasta el día siguiente. Esa misma noche después de cenar, les llevará San Nicolás los regalos. El santo se subirá al tejado con caballo y todo para echarlos por la chimenea -cosa peligrosa en esta época fría del año- aunque la mayoría de las veces, seguramente por miedo a un resbalón, es en la puerta de la casa donde tras dar un fuerte golpe deja un saco lleno de presentes. Los regalos van envueltos en papel con el nombre del destinatario, acompañados de un poema que deberá ser rimado, en el que se comentará cualquier cosa que se relacione con el que lo recibe. Los que se han portado bien no tienen nada que temer, en caso contrario existe el saco y una varilla con la amenaza de azotes. Pero es el saco -de yute- lo más terrible que le puede pasar a un niño que se ha portado mal: San Nicolás se lo llevará dentro de él a su regreso a España. Imagino que para un niño la amenaza de ir a es país tiene que estar unida a terribles imágenes. Y así termina esta visita anual: abriendo paquetes, leyendo, cantando y comiendo las golosinas típicas de la fecha, mientras San Nicolás regresa a España cansado ya de andar toda la noche por los tejados.

Para conocer el origen de esta fiesta hay que indagar mucho más allá de las raíces del santo. En la antigüedad germana se celebraba el comienzo del invierno en honor del dios Wodan, exigente en sus ofrendas. Estas ceremonias tenían carácter festivo y muchas veces llegaban a ser verdaderas orgías. Al aparecer los cristianos en Holanda se opusieron a esta manera de festejar tan pagana y se quitaron a Wodam de en medio dándole a la fiesta un tinte más religioso, hasta que los protestantes reformaron todo lo que tuviera sabor papal y San Nicolás tuvo que desaparecer. No quedó de él ni las imágenes en las iglesias. Sin embargo siguió la tradición en el interior de los hogares hasta que en el siglo XIX salió de nuevo a las calles. Ahora la fiesta de Sinterklaas no tiene nada de aquella religiosidad, y la orgía se ha hecho material hasta alcanzar su punto más alto el 5 de diciembre. Nicolás es un santo que sabe manipular muy bien la avaricía en los niños de una manera en extremo tentadora con toda clase de anuncios de regalos. Quizás es esta su manera de luchar contra Papá Noel, otro anciano que tampoco se siente impedido por la edad y que compite con él en una lucha que cada año se repite. Sin embargo la fiesta del 5 de diciembre forma parte de la cultura del país, símbolo de la identidad que llevan con ellos cada uno de los holandeses.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Un día especial


Huize de Voorst
(Foto: Martin Vink)
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Hoy ha sido un día especial: ha aparecido el color blanco, los árboles saben a azúcar y el agua se ha hecho transitable para aves y niños que todavía creen. Hay silencio protector entre las hojas cargadas de frío y cuando ando, mis huellas dejan sonrisas que la luz hace desaparecer. Hoy ha sido un día de cuentos y trineos, de chimeneas alegres, de chocolate caliente, de nieve tímida sin acabar de caer. Hoy ha sido un día que ha trastornado las imágenes y ha dejado eco en mis azules eternos, ahora frágiles sombras que esperan sobrevivir.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Holanda vista desde el infinito



Noche de centauros y cometas:
efluvio de púrpuras y azules
que se escapan como sombras silenciadas de los iris.
Aureola desprendiéndose con lentitud,
dulce postre para una tierra incompatible
con la violencia de las bestias y la sed.

(¿No hay nada que nos proteja?)


El País nos muestra hoy esta imagen:
La imagen muestra los Países Bajos, con su capital, Amsterdam, visible en blanco en la orilla sur de los canales navegables que discurren en dirección este-oeste y que pueden apreciarse un poco más arriba del centro de la foto.

El puerto de Rotterdam aparece en la esquina inferior izquierda de la foto. Es el puerto más grande de Europa: tiene 40 kilómetros de longitud y ocupa 10.000 hectáreas. Su profundidad es de 24 metros.

Rotterdam es la segunda ciudad más grande de los Países Bajos por detrás de Amsterdam. La Haya, la tercera ciudad en extensión, es visible a lo largo de la costa situada encima del puerto de Rotterdam. La cuarta ciudad en importancia, Utrecht, se puede ver claramente en blanco a la derecha, justo debajo del centro de la fotografía.

Esta imagen del satélite Envisat de la Agencia Espacial Europea (ESA) fue captada con el Espectrómetro de Imágenes de Resolución Media (MERIS, en sus siglas en inglés). ELPAÍS.com publica cada jueves una nueva foto enviada por la ESA. Así, los lectores pueden contemplar las mejores imágenes del planeta azul desde el espacio gracias a la red de satélites europeos.
El País.com

jueves, 13 de noviembre de 2008

No hay marionetas en el otoño


Ha buscado en la tierra desesperada y rota las raíces de los árboles fallecidos. Le conmovió la ausencia de una atmósfera impregnada de recuerdos: había olvidado la fragancia del verde recién cortado, el suave balanceo de unas ramas donde columpiar su comportamiento. Toda su vida fue perseguir imposibles existencias, inquietantes futuros, mirar detrás de la linea que le separa del Más Allá. Se quedó sin conocer las respuestas ¡Pobre marioneta colgada de un destino sin palabras! Quiso alcanzar la plenitud en lo proyectado, en lo preciso de su color, pero no tuvo respuesta válida y se convirtió en juguete de su propia desilusión.

Nadie notó su ausencia al desaparecer con sus otoños para siempre.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Otoño



El otoño tiene también color en Holanda.