domingo, 31 de enero de 2010

Viaje a Limburg aan der Lanhn en Alemania


Desde los primeros momentos en que cruzas la frontera notas la diferencia. Los alemanes corren más. Tienen coches fuertes y veloces. Muchos BMW Mercedes, Porches. No hay velocidad máxima y la mayoría "pasan" a 150 kms. y hasta más. Las casas son distintas en forma y color, echas de menos las vacas en el campo como en Holanda. Aparecen colinas y valles. Al fondo ves pequeñas montañas. El paisaje va cambiando de fisionomía. Ya no encuentras esas superficies de la tierra de los tulipanes, llanas hasta el infinito. Ahora hay subidas y bajadas, cuestas, curvas, desnivel. El clima no ha cambiado durante las casi cuatro horas en que hemos hecho el recorrido. Lluvia y más lluvia. Mucho, muchísimo tráfico, sobre todo en los alrededores de Colonia.

Nos encontramos en Villmar. Un pueblecito cerca de Limburg an der Lahn, a unos 60 kms. al norte de Frankfurt, invitados por unos amigos. La casa donde estamos está situada en una bajada del terreno, rodeada de árboles altos que apenas dejan pasar el sol, (cuando lo hay, claro). Desde que hemos llegado el tiempo ha estado frío y húmedo, pero esto no ha sido un impedimento para que cada día, después de desayunar con los típicos bollos alemanes, y abundancia de embutidos, queso, etc., hayamos cogido el coche y nos hemos dedicado a conocer los alrededores.

Ayer sábado hemos cenado en Villmar, un pueblecito de "cuatro casas" típicas alemanas con mucha madera, calles muy estrechas y pendientes. Aquí tienes que tener mucho cuidado. La velocidad máxima en los pueblos es de 30 kms/hora y si no la sigues la policía actúa con mano dura. Fuertes multas y, en muchos casos, retirada de carnét. El pueblo, por lo demás, no tiene nada. Exceptuando una cosa que llama la atención: la limpieza de las calles; no se ve ni un papel por el suelo. Es más, hoy sábado es el día dedicado a la limpieza y se ven vecinos del pueblo con una escoba y cepillo limpiando la parte de acera y bordillo que le corresponde. Un ejemplo a seguir en muchos sitios.

Hemos ido también a Limburg an der Lahn. El Lahn es el río que pasa por la ciudad, con fuerte corriente, pero por el que en verano puedes pasear en canoa. Hay un puente que lo atraviesa y sus orillas tienen una vegetación abundante. Limburg es un sitio pequeño, de unos 25.000 habitantes, con las conocidas casas alemanas de techos inclinados [para escurrir la nieve], el centro con tiendas en las que admiras el gusto algo más refinado que en Holanda. El alemán además presume de casa y coche. Descansamos para reconfortar el estómago. Otra cosa en la que los alemanes son maestros es en la elaboración de tartas y dulces, de todas clases y sabores. Tienes abundancia para escoger, pero cuesta trabajo decidirse; todo se ve de lo más apetitoso. Si me quedara a vivir aquí seguro que engordaría. Por fïn me decido y para acompañarle pido un "glühwein". Es un vino que se toma muy caliente y se le puede añadir algo de canela. Se suele beber en Navidad. El camarero al que se lo pido, se queda un poco "parado"; éstas no son fechas para tomarlo, parece pensar. Finalmente me lo trae en un vaso con motivos navideños. Habrá pensado que soy un típico caso de turista....., no importa, yo he entrado en calor y podemos seguir nuestro paseo.

Hoy tenemos proyectado visitar el Dom, la iglesia-catedral de Limburg. No he conseguido enterarme exactamente de la diferencia que existe entre las dos cosas, quizás tiene que ver con la forma de consagración del edificio. Está situado en una parte alta de la ciudad, en una explanada. Para llegar allí atravesamos un montón de callecitas estrechas. Hace unos diez años lo visité por primera vez. En aquella ocasión lo estaban renovando. Durante La Reforma, [movimiento religioso, s. XVI], destruyeron y taparon pinturas y frescos. Ahora han conseguido renovar y sacar a la luz casi todas las pinturas murales. Las primeras noticias que se tienen de ésta iglesia es del siglo XI. Construida, según dicen, por un arquitecto español. Asistimos a las Vísperas; Perfecta la música de Bach, al que admro, y de otros dos componistas que me resultaron algo pesadas.

También hemos tenido tiempo de disfrutar de la naturaleza. Finalmente el domingo aclaró un poco y salió el sol brevemente. Desde la casa seguimos el rio en dirección contraria a la corriente. Hay un ferrocarril que lo atraviesa por un puente de hierro, construído en los años veinte. Durante la II Guerra mundial fué bombardeado por los aliados, ya que era un punto importante de conexión, pero el puente resistió y continuó en pie. Al final de nuestro paseo recogemos manzanas en una casa abandonada, para hacer appelmoes [puré de manzanas], y una vez de regreso encendemos la chimenea; es septiembre pero aquí ya se nota algo de frío.

El lunes, aunque la noche anterior el cielo estaba lleno de estrellas, amanece otra vez todo cubierto, lluvioso y triste. Decidimos darle un toque cultural al día, visitando un castillo en Braunfels, a unos 35 kms. de Limburg. El camino sigue el curso del río, con tramos montañosos y con bosques de árboles altos. Braunfels es una pequeña ciudad de unos once mil habitantes. El castillo está en la parte alta de la ciudad, rodeado de unas casitas como de cuentos y calles empedradas y pequeñas que forman como otro pueblecito dentro de Braunfels. Para visitar el castillo nos acompaña un guía muy entusiasmado que nos da una explicación detallada de todo lo que vemos. Tiene 186 habitaciones, -¿te lo puedes imaginar?- de éstas sólo vemos diez y seis. En una de las salas llenas de armaduras hay un poquito de historia de España, un cuadro de Murillo, una bandera, rota y sucia y algunos objetos más recuerdos seguramente de alguno de los Tercios Españoles. El guía parece casi que se entusiasma al saber que en el reducido grupo que lleva hay una española e intenta hacer sus pinitos en la lengua. Terminamos esta visita dando una vuelta por la ciudad. En ésta época del año, pasadas las vacaciones, está desierta. Apenas se ve un alma. Con sus típicas casas y calles parece una ciudad de ensueño.

(Septiembre 2005)

jueves, 14 de enero de 2010

Mare liberum, 400 años de mar libre



Gerome Ferris 1863-1930
*****


"Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza del viento,
mi única patria, la mar"
(Espronceda, Canción del Pirata)


La imagen que tenemos de los piratas está inspirada en libros que muchos leímos en nuestra infancia y juventud. "La isla del tesoro" de Robert L. Stevenson, "El corsario negro" de Emilio Salgari, "Los piratas de Halifax" de Julio Verne, nos dieron a conocer personajes de espíritu aventurero que, aunque algunos fueron admirados y considerados héroes, se presentaban rebeldes y rudos desaprensivos, situados al margen de la ley y dispuestos siempre a toda clase de fechorías. Inspirados en estas lecturas, nuestros sueños sucedían en islas lejanas con tesoros escondidos y vegetación exuberante, en las que se vivían las aventuras más emocionantes y peligrosas que podíamos imaginar.

Piratas han existido desde que se conoce la navegación. Ya se hace referencia de ellos en la Grecia Antigua, y hay leyendas donde se refleja su poder. Durante el dominio de Roma, el Mediterráneo sufrió la presencia de estos piratas, que abordaban y saqueaban cualquier navío que navegara sus aguas. Estos asaltos continuaron en La Edad Media y más adelante, sirviendo como incentivo los nuevos descubrimientos, las riquezas halladas, la influencia de los musulmanes y la política entre Inglaterra, Francia y Los Países Bajos, continuaron imponiendo su presencia en las aguas.

El 6 de abril de 1609 se firma en La Haya "La Tregua de los Doce Años" en la guerra de Flandes, y los Países Bajos entran en su Siglo de Oro con el crecimiento de la economía y la expansión del comercio marítimo. Oro y plata, especias como pimienta, canela y nuez moscada, té y café llenaban las bodegas de los barcos. Además de la fuerte competencia con otros países, las tormentas en el mar y en especial el ataque de los piratas eran algunos de los peligros que esperaban a los barcos holandeses.

En ese tiempo, la Compañía holandesa de las Indias Orientales -creada en 1602- alcanzó el monopolio para el comercio en las Indias Orientales, y se hizo con el conocimiento de las rutas y prácticas de negociar que hasta este momento estaban en manos de los Portugueses. Para asegurarse el derecho a su colonial régimen y a una navegación libre, la Compañía encargó a Hugo de Groot que defendiera su manera de actuar, escribiendo su "Mare Liberum", sobre "la libertad de los mares". De esto se cumple ahora 400 años.

Gran abogado, brillante jurista, político, teólogo, histórico y poeta, Hugo de Groot –o Grotius- era un intelectual que dedicó su talento en tratar valores universales, que también hoy cuentan e imponen respeto. De Groot alegaba que el mar es de todos, y defendía la idea de un libre comercio y libre tránsito por él. Hoy día -400 años más tarde- este pensamiento tiene, en principio, un valor actual, y forma la base del derecho internacional. Debido al intensivo comercio y a las modernas y refinadas tecnologías ha sido necesario ajustar esta declaración a las nuevas necesidades. El espacio está ya dividido, y nuestra sobrevivencia se basa en el contacto entre los países y el ejercicio del comercio. Principalmente el mar hace posible estos contactos comerciales. Por esto, la libre navegación es esencial para el desarrollo de la humanidad, sin que por esto olvidemos que algunos asuntos son propiedad comunitaria y que para solucionarlos hay que atenerse a un acuerdo en conjunto.

Olvidar estas reglas está dando lugar a que aparezca de nuevo en el mar la figura del pirata. Ahora, como entonces, se les teme y se les condena, aunque esta vez sea más difícil descubrir su identidad.

jueves, 7 de enero de 2010

Paisajes nevados


Mi calle


Alrededores


Cerca de casa


lunes, 4 de enero de 2010

Los Reyes Magos no llegan hasta aquí




Los Reyes Magos no llegan hasta aquí. La distancia es demasiado larga para tres reumáticos camellos. Pero los niños holandeses no se pueden quejar, ellos ya tienen desde el 5 de este mes sus regalos. Un ancianito de largas barbas blancas, con un montón de siglos a sus espaldas, es el que viene a hacer felices a los que se han portado bien. Llega en barco de vapor desde Madrid donde, según la tradición, vive. Está acompañado de un montón de Zwarte Pieten - afanosos ayudantes negros - que son los que hacen las compras en los grandes almacenes.


El día 5 por la mañana tiene su entrada oficial en ésta ciudad; por regla general hace un frío que pela. Ataviados con gorritos de papel y agitando banderitas, los niños esperan impacientes la llegada del barco mientras cantan a todo pulmón – seguramente para entrar en calor – canciones dedicadas al santo. Cuando llega la ambarcación, que está también adornada de banderitas de España y Holanda, es recibida por el alcalde que será quien entregue las cartas de los niños holandeses. Después San Nicolás, al que llaman Sinterklaas popularmente, dará un paseo por la ciudad en un caballo blanco que tiene por nombre Américo. Pueden imaginarse los lectores que, debido a la edad de este santo varón, y lo resbaloso de las calles si ha habido heladas, se tomarán precauciones para evitar caídas.


Los niños no tendrán que esperar hasta el día siguiente. Esa misma noche después de cenar, les llevará San Nicolás los regalos. El santo se subirá al tejado con caballo y todo para echarlos por la chimenea, cosa peligrosa para esta época fría del año; aunque la mayoría de las veces seguramente por miedo a un resbalón, es en la puerta de la casa donde, trás un fuerte golpe, deja un saco lleno de presentes. Este saco de arpillera lo conocen los niños muy bien: saben que si son malos se los llevará Sinterklaas dentro de él, en su regreso a España.Y todos saben qué cosa es para quién: los regalos envueltos en papel llevan escrito el nombre, y van acompañados de un poema – deberá ser rimado – en el que se se comentará cualquier cosa que se relacione con el destinatario. Así, abriendo paquetes, leyendo, y comiendo las golosinas típicas de estas fechas, va pasando la noche de San Nicolás.


Y yo a pesar de los años que llevo aquí aún no sé muy bien por qué llega desde España, ya que la tradición dice que es de origen turco. Ni los holandeses están seguros de saberlo. Puede ser que todo empezara por el contacto con navegantes españoles al ser este santo el protector de ellos. Es curioso que el hecho de llevar ayudantes negros lo achaquen a los moros que dominaron España. Otra explicación más popular es que andan entre chimeneas, y que no tienen tiempo después para lavarse. El caso es que al pasar por Madrid cuando mis hijos eran pequeños, les mostraba el Palacio Real como residencia del Santo. !Sus caritas emocionadas decían más que palabras!

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Mi lista de deseos para el 2010




En noches como ésta
le pido al año un tránsito sin resistencia
acompañado de burbujas de diáfano color.
Le pido al año ternuras fértiles,
un lenguaje estratégico y no sujeto a tributos ni a modas,
que sepa cómo pagar la deuda de los silencios y de las horas sin dormir.
Le pido que quiebre la melancolia,
y la transforme en sonrisas con rapidez,
que haga llorar al miedo
y a los futuros comprometidos,
que narre fantásticos cuentos con un lenguaje obediente,
-solidario con gramáticas y diccionarios-
que no exija fronteras y calme el eco amenazador,
que haga héroes a los niños,
que trueque sueños en regalos
envueltos en cintas de seda y papel de celofán.
Pido que me proteja de aves oportunistas
-tramposos pájaros de corral-
fantasmas de diseño pálido y estructura que se resiste
entre las líneas trazadas en una hoja de papel.

En noches como ésta seguiré pidíendo al año:
que haga de las estrellas espejos,
un Camino para andar,
pediré lencería en seda roja,
una carícia, un temblor,
que vista de azules mi desnudez,
un puñado de palabras, voces, sonidos, ecos que perduren,
música para acicalar los días,
lunas, nubes, momentos, letras para escribir,
magia para hacer verdad todos los destinos,
y gaviotas que recuerden el aire sobre mi piel.

En noches como ésta ...

domingo, 27 de diciembre de 2009

El olivo




En lo milenario de su luz
me recibe el árbol perfecto
con el prestigio que le da el dolor retorcido de sus brazos.

En un paisaje donde palpita la sed:
la tierra es suficiente para la preñez de su fruto.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Visitando a Pablo en su casa




Un encuentro, una mirada, y se abre dejando que una insistente luz penetre hasta el interior: Me recibe un aire tíbio de memorias sepias, deshilachando intimidades. Desde sus ventanas me asomo a la historia. El héroe tiene la inmovilidad de los años y mira desde la piedra. Palomas que vienen y van dibujan sombras en la tarde, y adormecen la plaza derramando silencios.Vuelvo la espalda y lo busco. En el espacio aún perdura el eco de jóvenes pisadas y me siento envuelta en su mirada oscura, que sigue extática mis pasos desde el espacio. Recojo el desamor del hombre, impuesto por la ausencia que le lleva al olvido. Quedan colgando grises prematuros y algunos azules robados al mar. Nada más. La casa ya no es su casa.


foto
http://blogs.que.es/8784/posts

sábado, 12 de diciembre de 2009

En el país de las hadas




Para todos los que creen en los cuentos, que de ellos es la ilusión.

En los cuentos de hadas el Tiempo es caprichoso, a veces tiene prisa, otras se demora, gira en círculos invertidos, y hasta hace dormir años a príncipes y princesas que tienen como madrinas a las hadas. Quise ser una de ellas: oro en el cabello y faldas largas de transparente muselina. En las manos una varita mágica que no fuera motivo de problemáticas ausencias, hechizos torpes y conjuros. Quise tener mi propio bosque, y en el bosque un lago donde se bañaran hadas y duendecillos malhumorados, algún que otro gnomo, y sueños que tuvieran sed. También me hubiera gustado tener una casita de caramelo y chocolate, setas habitadas, y magos que cumplieran todos mis deseos en las noches víspera de luna llena.

Quise tener un bosque y, a cambio de esto, tuve un jardín con árboles como gigantes, hojas amontonadas, flores, y multitud de rincones secretos – mi Isla encantada- que nada tenía que ver con el mundo de los mayores. Allí, entre las claroscuras sombras en tardes calurosas y en las brisas de las noches de verano, comprendí que la verdadera magia es ver más allá de las imágenes escritas en los cuentos, y fue el Cantor de Vientos quien me llevó a ese reino cercado quien, con su rumor persuasivo, me hizo apreciar los sonidos y escuchar el murmullo de un tiempo que no terminaba de pasar. Acurrucada en mi rincón favorito protagonicé historias fantásticas e interesantes encuentros: observé a cisnes desnudos bailando a la luz de la luna, conocí a Tomás el Versificador, fuí testigo de cómo Orfeo liberaba a su esposa, me enteré de cómo Morgan - la más famosa de todas las hadas - se llevó con ella a Arturo, el Rey. Me sentí viajar en un tiempo trémulo de incertidumbres, en un espacio más allá de los Confines y que ha quedado ya invisible en la historia para siempre.

No, no tengo un bosque, pero sí tengo un jardín con tulipanes, iris, jacintos, y sombras donde juega con frecuencia el Viento, y en el que duerme mi mal criado gato – dueño y señor de todo el territorio – que lo único que espera es cazar ratones, y de esos también suele haber muchos en mi jardín.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Una visita a la Almedina de Cazorla





Olivo solitario,
lejos del olivar, junto a la fuente,
olivo hospitalario
que das tu sombra a un hombre pensativo
y a un agua transparente.
al borde del camino que blanquea,
guarde tus verdes ramas, viejo olivo,
la diosa de ojos glaucos, Atenea.

Antonio Machado.


La mejor manera de conocer la provincia de Jaén es a través de sus olivos. El paisaje –infinita luz y sin fronteras- muestra diferencias bien marcadas, desde las agrestes y llamativas sierras hasta las llanuras fértiles invadidas por el Guadalquivir, pero es el olivo hospitalario, el de las ramas verdes y troncos retorcidos, como cantaron los poetas, el que da el carácter a esta provincia que merece estar orgullosa de ser la mayor productora de aceite de oliva del mundo.

Nos acercamos primero a Cazorla por una carretera cómoda, marcada entre resplandores inapelables, huertas y olivares conocedores de su historia y su valía. Calles increíblemente estrechas y con notable desnivel nos provocan asombro e inquietud, y hacen que nuestra llegada no sea olvidada en mucho tiempo por los vecinos del lugar, incluso es posible que pase a formar parte de las crónicas cazorleñas, al tomar una dirección equivocada sin salida y sin posibilidades de girar. Todo un espectáculo para los tranquilos habitantes del lugar, algunos de los cuales –dos pacíficas aborígenes– nos dieron lecciones de circulación, con maniobras incluídas y de una manera gratuita.

Estamos en Cazorla y hace mucho calor esta mañana de Julio. Desde el balcón del hotel la sierra se siente tan cerca que parece que puedo tocarla con las manos; al fondo, el agua del Cerezuelo reverbera su sonido en el sueño de la tarde, y oigo cerca y pausada la campana de la Iglesia de San José que guarda en su interior seis grandes lienzos copias de El Greco. Pero hay más; por encima de los tejados en rojo la torre de las Cuatro Esquinas nos mira con decoro, convencida de su propia historia y leyenda. Quizás no ha olvidado los lamentos de la pobre princesa olvidada para siempre por su padre en las mazmorras del castillo. También la Iglesia de Santa María sabe de tristezas y penalidades que el tiempo y el pasado han dejado improntas en su imagen. Más tarde salimos, paseamos, recorremos las calles, las callejuelas y las plazas. Otras iglesias, capillas y ermitas, casas y palacios, incluso fuentes con denominación de origen, completan la herencia cultural y ponen su acento en el perfíl histórico bajo la mirada observadora de la peña de los Halcones.

Las altas temperaturas no son un estorbo para conocer bien el lugar, y nuestra siguiente visita es una almazara situada en el entorno de la sierra de Cazorla. Llegamos por la carretera de Cazorla a Peal de Becerro, para después desviarnos por un caminito de tierra entre olivos, como no podía ser de otra manera. Hasta donde alcanza la vista sólo existen olivos; señoriales y circunspectos árboles con muchas dosis de sabiduría. Ya cuando parece que no hay nada que distraiga el dominio del verde, aparece una pincelada clara con acento dulce en el nombre, la Almedina, un oaxis de respiro en el calor.

Esta almazara histórica –palabra de raíces árabe que significa lugar donde se exprime- tiene sus orígenes en el siglo diecinueve, cuando el Marqués de Foronda ordenó la construcción de una casa-palacio y adosada a ella una almazara con cuatro prensas hidraúlicas para, además del aceite, conseguir orujo y jabón, pero esto ya forma parte de su historia. El marqués, amigo personal de Alfonso XIII, pensó así unir en la Almedina una residencia para las visitas reales y un complejo industrial. Ahora está previsto que pase a ser Casa Rural en un futuro próximo.

Llegamos primero al patio, un espacio abierto, donde se selecciona la aceituna, se limpia y se pesa. En el interior nos fueron mostrando las naves donde se realiza el tratamiento que se le da a la oliva, la trituración hasta conseguir una pasta, la extracción del aceite separándolo del resto de los componentes de la aceituna, y por último su recogida en depósitos de acero inoxidable donde se conservará con la justa temperatura y escasa luz. Desde aquí el aceite se envasa para su comercialización. Todo un proceso que exige mucho esfuerzo y amor al oficio.

En estas mismas instalaciones se encuentra también un museo, donde se puede seguir la evolución del tratado de la oliva cuando esto todavía era un trabajo artesanal y sacrificado, como nos hace recordar los versos del poeta,


Andaluces de Jaen,
aceituneros altivos,
decidme en el alma:
¿Quién, quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.*



Vasijas, bidones, prensas, decantadores, molinos, depósitos que hicieron sus funciones en otras épocas, toda una muestra de maquinaria y herramientas, que nos dan una idea del trabajo y dedicación para la obtención del aceite a través del tiempo. Hoy día el sector del aceite ha evolucionado de una manera muy significativa con la modernización de las almazaras y la elección de los productos. Todo esto tiene como resultado un aceite – el de esta almazara tiene el poético nombre de Torreón de Nubla- de la mejor calidad y sabor excelente, de aceitunas recogidas en el mes de noviembre.

Dejamos la almazara y salimos de nuevo a la carretera, a la luz que nos deslumbra, al calor, pero el olivo sigue estando ahí, imperturbable. Considerado sagrado y mítico por algunas culturas, es un árbol robusto, de tronco grueso, que llega a una edad avanzada y resiste temperaturas extremas y una exposición prolongada al sol. Quizás es esa atribuída magia lo que ha hecho que sobreviva toda clase de invasiones y guerras. Quizás por eso está ahí, inseparable de las tierras jiennenses y todas las que se asoman al mediterráneo, y quizás es esa perenne presencia lo que hace que los "paisajes del olivo" hayan sido merecedores de ser nombrados Patrimonio de la Humanidad.


*Miguel Hernández
http://www.cerespain.com/almazara.html
http://www.elaceitedeoliva.org/
http://www.cazorla.es/
http://es.wikipedia.org/wiki/Aceite_de_oliva : El aceite de oliva
http://es.geocities.com/cazorlaenlared/index.htm
http://www.culturandalucia.com/Leyenda%20de%20La%20Tragant%C3%ADa%20escrita%20por%20Juan%20Eslava%20Gal%C3%A1n.htm

viernes, 20 de noviembre de 2009

Imposible retorno



Para todos mis amigos, desde Málaga


En recuerdo de La Azucarera Hispania, Málaga


Ahí, donde la casa se erguía señorial y altiva,
no queda nada, solo tierra solitaria y triste.
Busqué un alma y encontré palmeras,
faros vigilantes en un mar de rastrojos secos,
recuerdos de un jardín umbroso y fértil,
hoy árido y yermo, sombras del pasado
que se diluyen,
un mundo que fue y no es,
latidos de entonces que hacen daño
dejándonos heridos y sin aliento.

!Quisiera ser golondrina sin memoria
en el camino perdido del retorno!

viernes, 13 de noviembre de 2009

Una pasión que compromete





De pequeña tenía dos aficiones: coleccionar cajas y cromos, y leer. De las cajas puedo decir que me gustaban todas, grandes, pequeñas, redondas. Podían ser metálicas, de madera, pero generalmente eran de cartón. En más de una foto de entonces se me ve abrazada a una de aquellas cajas –algo churretosa y no en muy buen estado- como si tuviera miedo que me la fueran a quitar. No sé qué es lo que guardaba en ellas, pero no era su contenido lo que me hacía quererlas. Esta aficción se quedó un poco en el olvido, pero aún hoy siento el hormigueo del deseo secreto de posesión. Los cromos fueron simplemente un entretenimeinto pasajero, y el tener algunos que no tuvieran mi hermana y mis amigas y compañeras de colegio, me hacía conocer momentos de autoridad.

Con la lectura fue diferente. Cuando me encontré con los libros hubo un momento muy marcado en mi tiempo con un antes y un después. Pero entonces aún no tenía tanto recorrido como para saber apreciar esa diferencia. Eran libros de la colección "Marujita" de Ediciones Molinos, que encontré en un viejo armario en casa de mis abuelos. Habían pertenecido a mi madre, de antes de la guerra y el precio estaba dado en céntimos. Fueron los primeros libros que leí y que me pertenecieron. Títulos como "Las travesuras del gnomo pegón", "El duendecillo de la chimenea", "La casa encantada", "Un gato en el país de las hadas" y muchos otros, daban paso a historias que se desarrollaban en un espacio a donde llegaba por senderos ocultos o puertas invisibles en la imaginación, con personajes que vivían en casitas mágicas que andaban y hablaban. Un paisaje distante de bosques, árboles, plantas, y flores, hacía que, con la fantasía rica que tienen los niños, me transportara a un mundo de magias. La lectura de aquellos primeros libros influyó mucho en aquellos años, y aún hoy sigo convencida de que voy a descubrir algún día esa tierra encantada que me daban a conocer.

Ahora mi relación con los libros tiene el carácter de una pasión que compromete mi tiempo, y me sorprende con palabras, espacios, imágenes desprendidas de inocencia, fantasías que acuno entre mis manos. Transito en sus páginas entregándome al tacto y al olor que desprende su materia. Me gusta sentir su peso y esa especie de caricia que me alcanza desde sus hojas donde se guarda la memoria escrita. Colecciono libros, los que tenía, los que me regalaron, los prohíbidos, los que compré después. No puedo dejar atrás ninguno. Llegaban y se quedaron para siempre conmigo.

imagen: centres.escola.org

jueves, 5 de noviembre de 2009

La leyenda de Cunera





Una peregrinación

Esta leyenda tiene su origen alrededor del siglo IV DC. Cunera, princesa de York, fue a principios del año 337 acompañando a Santa Ursula y 11.000 vírgenes, de peregrinación a Roma. En el camino de regreso, el barco en el que viajaban fue asaltado por los Hunos que asesinaron de una manera brutal a todas las jóvenes. Sólo Cunera logra salir con vida, salvada por el rey Radbout, que la lleva con él a su castillo en Rhenen (Utrecht), donde lleva una vida religiosa y caritativa, ayundando a los necesitados. La admiración que todo el pueblo tiene por ella provoca los celos de la esposa de Radboud, la reina Aldegonde, que después de varios intentos de desacreditarla ante el rey, trama un plan para deshacerse de ella.

Así, cuando Radbout y sus hombres salen un día de caza, estrangula a Cunera con el chal que esta había recibido de sus padres como regalo, y la entierra –junto con el chal- en los establos. Al regreso del rey y preguntar este por Cunera, Aldegonde le dice que regresó con sus padres. Mientras, los caballos se niegan a entrar en el establo. Rabbout se extraña al ver en el interior la tierra movida y decide excavar en ese sitio. Una vez que han removido la tierra encuentran el cuerpo de Cunera. Radbout descubre el engaño y la terrible acción de su esposa y la castiga azotándola. Más tarde, Aldegonde, terminará loca tirándose desde el monte Grebbeberg. Cunera es enterrada en un lugar que será más tarde conocido como "La colina de Cunera".

Pasa cierto tiempo, y unos trecientos años después de su muerte los habitantes de Rhenen piden al obispo Willibrord que declare santa a la jóven. Según la historia, al abrir el sarcófago encuentran el cuerpo de Cunera y el chal intactos. En el año 694 el chal es depositado en la iglesia Pieterskerk en Rhenen. Desde entonces es venerado durante largo tiempo y atrae a muchos peregrinos, conviertíendose la ciudad en un lugar de peregrinación muy visitado. Con las ganancias de las indulgencias se construye –alrededor del año 1500- la iglesia Cunerakerk.

Hoy también yo he sido peregrina en Rhenen. He seguido un camino paralelo a lo que antiguamnte fue la ruta histórica de una procesión que recorría diversos puntos relacionados con la leyenda de Cunera, y a la que la Reforma puso fin. El lugar ha sido testigo silencioso de un complejo mundo de imágenes que han dejado huellas a través del tiempo, vestigios de una existencia que nos invita a observar la naturaleza, comunicativa y generosa de nostalgias. El día invita a este paseo, un recorrido de veintisiete kilómetros por un terreno boscoso y de colinas de suaves pendientes donde encuentro una flora variada, aves, ovejas, vacas e incluso ciervos que, en ocasiones, se dejan ver. Oigo cómo se agitan las ramas, que ofrecen perezosas sombras donde descansar. Con cada uno de mis pasos percibo el crujir de las hojas que cayeron, una leve protesta ante mi descuido. Respira el aire. Son sonidos que permiten apreciar la composición poética de lo que me rodea. Un paisaje que surge entre caminos y sendas, abadías, monasterios, capillas y granjas, elementos que marcaron los límites de una herencia cultural.

Son veintisiete kilómetros de peregrinaje compatibles con ese otro Camino que me ha llevado a Santiago. Al igual que en la ciudad del Santo, también Rhenen –ciudad felíz y con encanto- tiene su iglesia aunque está sujeta a las normas que le impuso la Reforma, pero hay elementos que la devuelven a la realidad. En su interior el coro, la silleria, el órgano, la pila bautismal, conservan su carácter primigenio; faltan las reliquias de la Santa que fueron dispersas, pero conserva una de las tres torres más altas de Holanda con ochenta y dos metros de altura, y uno de los pocos doksalen que quedan en el país, con representaciones alegóricas de las tres Virtudes Capitales, Fe, Esperanza y Caridad. Aquí no se necesita Carta probatoria o Credencial para acreditar que se visita el templo. El silencio y la quietud forman el testimonio que recibes.

23-mayo-2009

Rhenen, Utrecht (Los Paises Bajos)


Fuente:
http://www.cunera.nu/legende.htm