lunes, 29 de noviembre de 2010
Mis gaviotas
No todas las gaviotas traen sabor a mar
cuando me acercan imágenes prestadas del azul.
Sus alas toman el blanco del amanecer,
grisáceo tinte que viste auroras de desánimos.
Depresivas merodean un espacio desinteresado de color,
irritando nubes y asustadas mariposas.
No son éstas las gaviotas que esperaba ver aquí,
aquellas que hicieron su hogar en La Farola,
las que llevaban aroma tibio de sal,
del espeto y las moragas en las noches de verano.
Estas no saben reír
ni sobrevolar el tiempo adormecido,
sólo conocen el olor del arenque y la humedad,
arco iris y el silencio del agua absorta y sin palabras.
martes, 23 de noviembre de 2010
El vino dulce siempre ...
Foto:wikipedia
Copas Mari-Luz con merengue
Receta de mi madre Mari-Luz Wallace Pittaluga
Ingredientes:
Galletas Maria
Vino dulce, con preferencia de Málaga
Plátano, melocotón, pera y guindas
Unas natillas claritas*
Unas claras de huevo para el merengue
La cantidad a emplear dependerá del número de invitados.
Necesitarás una copa de fondo ancho para cada comensal.
Preparación:
Troceas la fruta, a excepción de las guindas.
En el fondo de cada copa se pone una galleta empapada en el vino dulce.
A continuación repartes la fruta troceada menos la guinda. Se hacen unas natillas de vainilla y se añade a las copas hasta que cubra la fruta.
Bates las claras y cuando estén montadas se endulzan.
Adorna con el merengue las copas.
Por último dale el toque de color adornándolas con la guinda.
Déjalas en el frigorífico hasta el momento de servir.
*Recomiendo unas natillas caseras.
Copas Mari-Luz con merengue
Receta de mi madre Mari-Luz Wallace Pittaluga
Ingredientes:
Galletas Maria
Vino dulce, con preferencia de Málaga
Plátano, melocotón, pera y guindas
Unas natillas claritas*
Unas claras de huevo para el merengue
La cantidad a emplear dependerá del número de invitados.
Necesitarás una copa de fondo ancho para cada comensal.
Preparación:
Troceas la fruta, a excepción de las guindas.
En el fondo de cada copa se pone una galleta empapada en el vino dulce.
A continuación repartes la fruta troceada menos la guinda. Se hacen unas natillas de vainilla y se añade a las copas hasta que cubra la fruta.
Bates las claras y cuando estén montadas se endulzan.
Adorna con el merengue las copas.
Por último dale el toque de color adornándolas con la guinda.
Déjalas en el frigorífico hasta el momento de servir.
*Recomiendo unas natillas caseras.
viernes, 19 de noviembre de 2010
De nostalgias
La nostálgia intenta siempre acompañar los regresos, y hasta la ciudad se envolvió en llanto el día que tuve que decir adiós. Como muestra de solaridad también aquí al llegar me recibió la lluvia persistente y fría, pero ésta ya me es familiar desde hace tiempo. Ella, cómo nó, se portó como una perfecta anfitriona a pesar de sufrir heridas desordenadas. ¡Pobres calles que muestran fastidiadas sus interiores expuestos a la mirada de todos! No por eso me ofreció menos de lo que yo esperaba. Sólo lo rápido de los días siguió tenaz su recorrido hasta llegar al de ayer. ¡La vida, que sigue con prisas y sin detenerse! ¡qué corto se hace el tiempo cuando queremos que no acelere, cuando queremos obligarle a andar a nuestro aire!
Después empezó de nuevo a contar la rutina ....
domingo, 14 de noviembre de 2010
Villaluenga del Rosario, en la Serranía de Cádiz.
http://alenarterevista.net/villaluenga-del-rosario-en-la-serrania-de-cadiz-sus-paisajes-sus-gentes-por-pilar-moreno/#more-1604
Villaluenga del Rosario, en la Serranía de Cádiz.
Sus paisajes, sus gentes.
(Con la poesía de Pedro Pérez-Clotet)
Ni luna en su cristal de alada nieve,
ni viva estrella ya de arduos temblores.
La gravidez oscura del silencio
talla en granito el vuelo de la noche.
Tiene menos de quinientos habitantes y es el municipio más alto de la serranía gaditana; su nombre es Villaluenga del Rosario. Los árabes llegaron a ella y se quedaron hasta 1485, año en que fue tomada por Rodrigo Ponce de León. Después se recuperó y conoció años de paz y prosperidad, tanto, que se sintió generosa ayudando económicamente a Ronda en las obras de construcción de su puente sobre el Tajo. Dicen que en el Ayuntamiento se conserva el arca de madera donde estuvieron guardadas las onzas de oro que se prestaron, pero éste es un detalle que puede tener acentos de leyenda. A este bienestar puso fin la entrada de las tropas de Napoleón en el siglo diecinueve, y es entoces -quizás acuciados por la necesidad- cuando surgen bandoleros y contrabandistas como Pasos Largos y el Tempranillo, asaltadores de caminos, que ponían en peligro la vida de cualquier osado que se atreviera a viajar. El lugar fue refugio de ellos. Pero todo esto es ya hoy historia escrita con algo de romanticismo.
En el camino que me trae a Villaluenga es el paisaje -que no es menos romántico- lo que distrae mi atención. El pueblo ha sabido conservar su estética, el clásico perfíl de los pueblos blancos de esta serranía, de calles estrechas y empinadas, casas encaladas que reverberan la luz de este octubre que se niega a ser otoño.
Vuela un rumor lejano por el aire,
que se cuajan en su voz; y ese latido
de las aguas que, en rocas despeñadas,
mojan de heridas hondas los caminos.
Casas blancas, calles limpias, fachadas, ventanas, puertas, tienen el sabor de la tradición y del tiempo. Hay una iglesia, la de San Miguel, del siglo XVI, arrimada a la sombra de los árboles de la alameda; otra iglesia, la del Salvador, quemada por los franceses y que ahora guarda entre el resto de los muros el cementerio. Una avenida, la de los Arbolitos, y un camino empedrado de penitencia de casi quinientos metros, nos suben hacia la ermita del Calvario. Abajo, el pueblo entre la montaña rocosa y el valle; sobre la roca una plaza de toros que no es completamente redonda, pero sí la más antigua de la provincia de Cádiz.
Bosques de exactas cimas, horizontes
de encina y jara ardiente, prolongan
en su incierto temblor de tronco y piedra,
la solidez vibrante de las sombras.
Eso es para el espíritu y los sentimientos; para la degustación, los quesos payoyos que son considerados entre los mejores del mundo. Su secreto está en la hierba. El microclima especial de esta sierra gaditana hace que se den pastizales fértiles y húmedos que es la alimentación natural de la cabra payoya -y la oveja merina- que está adaptada a las condiciones ambientales de esta zona. Es capaz de trepar por cualquier pendiente y sólo vive en las serranías de Cádiz y Ronda. Desgraciadamente es una imagen que está en peligro de extinción y de la que deberíamos sentirnos culpables.
Sola la noche. El aire profundiza
la placidez errante de las nieblas.
Los firmes pinos ciñen -verde sombra-
la soledad sin fin de las estrellas.
Villaluenga conserva su identidad. Emerge de las rocas hasta una altura de unos mil metros sobre el nivel del mar. Fue capital del señorío de los siete pueblos de la serranía que se encaraman por cumbres y laderas, pero no ha perdido su carácter tranquilo y hospitalario que nos la hace cercana y familiar. Su clima es seco; nieva en invierno y el índice de lluvia es el mayor del país. Es consciente de su entorno, del impresionante paisaje que la rodea, de una naturaleza que se presta al senderismo entre alcornoques, encinas y diversa vegetación y fauna. Toda una suma de cualidades que la ha hecho ser deseable e inspiradora a artistas y poetas.
Pedro Pérez-Clotet, poeta de la Generación del 27, fue uno de ellos. Hijo de la tierra, tuvo su cuna a los pies de la sierra de Grazalema. Influenciado por la belleza de una naturaleza pura y pausada, refleja en su poesía toda la ternura que le inspira esas imágenes:
Todo el paisaje aquí,
en este ardiente acento
de árida plenitud
que palpan los sentidos.
Pienso que todos los que nos acercamos a Villaluenga, cargados de la vorágine y el estrés de las ciudades nuevas, nos sentimos sorprendidos por el pausado latir del entorno que con suave complicidad apacienta las prisas y despierta nuestros sentidos, tal como expresan los versos del poeta.
domingo, 7 de noviembre de 2010
domingo, 31 de octubre de 2010
Hoy me has llenado el alma de deseos
El día recién nacido ha traído versos nuevos
con perfumes frescos de una tierra hermana
lejos, en los confines del universo,
batida por las olas de aquellos mares
que dibujan un mundo húmedo y triste
donde el tiempo y el reloj no dan las horas.
Versos, versos y palabras que me cuentan de tus sueños,
tus paseos por calles silenciosas y mal iluminadas,
envueltas en el plácido rítmo de la historia,
buscando la princesa dormida que ansiosa espera
el dulce beso de tu boca.
Yo te hablaré de otro país mucho más lejano
donde imperan inviernos blancos y locas lluvias,
iglesias grises de torres afiladas,
tartas de manzana, zuecos de madera,
extensos campos de maíz recién plantado
al igual que una sábana verde extendida
al tímido sol para ser secado.
Yo te hablaré de esta tierra, de polders y diques,
canales y dunas, de gatos cansados y de molinos,
abriré ventanas, detendré el tiempo,
beberé el dulce néctar, romperé fronteras,
saltaré barrancos y en las noches de luna llena
asistiré al aquelarre contigo.
Y te ayudaré a encontrar la princesa de tus sueños
buscándo en el laberinto de estrellas y cometas.
jueves, 28 de octubre de 2010
"Tan fina y seriamente ¿quién ha pintado?"
Joaquín Peinado, pintor (Ronda, 1898-1975 París)
Exposición: Palacio Episcopal, abril 2008
"Tan fina y seriamente ¿quién ha pintado?
¡Qué alto y severo, si este pintor fuera torero" Rafael Alberti
Dicen que a "la Manquita" le van a poner un postizo, pero yo sentiría mucho que fuera así, pues de esta manera es como ir de prestado por la Historia. Seguramente son sólo habladurías que revolotean en esta tarde malagueña de Levante; sí es necesario que terminen de remediar con rapidez todos los problemas de humedad y goteras que le han ido creciendo con los años. Otro caso muy distinto es el de su vecino en la plaza, el Palacio Episcopal, que parece como rejuvenido desde que puede emplear de la mejor manera su tiempo y su espacio. Ahora es sitio escogido para mostrar otra clase de arte además del suyo propio. Y ha sido aquí en este edificio, hasta donde me acerqué para conocer la obra de un pintor que tiene nombre dentro del arte español contemporáneo.
Llueve en esta tarde equivocada de abril en Málaga; llueve, el agua cae resbalando desde los balcones y hace resaltar los colores en el mármol de la fachada-retablo del palacio. Más arriba, la Virgen de las Angustias, amparada en su hornacina, parece mirar la plaza inmersa en un tiempo extrañamente gris y desapacible. El interior me ofrece un refugio seguro. Allí, en la salas de la exposición, es el pintor el que me hace recobrar la luminosidad y el color que han perdido las calles.
Me recibe desde su autorretrato, confirmando con una mirada directa y reflexiva el carácter de su pincel: trazos firmes y severos, sin concesiones. Joaquín Peinado nace en Ronda, rodeado de un paisaje incomparable de sierras y valles, y aprenderá pronto a distinguir las diversas tonalidades que le ofrece la tierra. Más tarde pasará por la Escuela de Bellas Artes en Madrid, y seguirá hasta París donde sentirá la influencia de Picasso. Una serie de fotografías personales en la exposición, hacen más cercano al pintor y me dan una idea de sus circunstancias familiares: de raíces liberal y republicana tuvo que superar el exilio y la pérdida de su obra, y sobrevivir la Segunda Guerra Mundial que tambien dejó huellas en su vida.
Sin embargo, su obra no tuvo acentos de protestas ni de reclamo. Paisajes, retratos, dibujos, bodegones, cuelgan reposados de los muros blancos del palacio y me resarcen de la falta de contrastes que impone hoy la lluvia. La paleta del pintor es seria e investigadora, tratando diferentes facetas: desde dotar de un acento poético a sus trazos, hasta hacer incursiones en el cubismo, en lo abstracto y en lo geométrico, pero siempre con un sentido recto del buen hacer.
Joaquín Peinado se vuelca en los bodegones. Género que trató con un estilo muy personal, experimentando repetidamente la intensificación de los colores, apartándose en ocasiones de la luz. Los retratos y bocetos de figuras, las siluetas conseguidas y lo firme y seguro de las líneas en sus figuras, hablan de la sensibilidad transmitida a las telas con el pincel. En los paisajes está la geometría dominando la tela; colores templados y prudentes hacen de cada una de sus composiciones un oasis donde la vista se acomoda. Después nos encandila con dibujos realizados para diversas revistas de poesía, hasta hacernos a continuación un guiño cómplice hacia lo erótico, presentándonos con delicadeza diversas escenas atrevidas, alegres y serias, sobre papel. Todo distinción en este pintor que "pinta fina y seriamente", como dijo Rafael Alberti.
Dejo con desgana el palacio. Fuera, se ha vencido la tarde y la lluvia ya sólo es un recuerdo en los charcos de la calle, mientras la fuente de la plaza no pierde la esperanza de tener agua alguna vez. Me cuesta volver al ruido exterior y a la aceleración de la gente, al bullicio de la ciudad. Apenas me separo unos pasos y ya echo de menos ese otro mundo personal que me ha dejado ver Joaquín Peinado con su obra como protagonista, y que a mí me ha conquistado.
domingo, 3 de octubre de 2010
Málaga me espera
El sur me espera y yo no puedo negarme a sus deseos. Durante tres semanas me dejaré abrazar por la luz y el rumor del agua en la Caleta. Cambiaré los cielos de Vermeer por el mar y los azules, el horizonte con frecuencia gris por las calles bulliciosas y con brío. Durante tres semanas un acento fugado delinea las palabras de un idioma que no quiero perder, cuando vuelva a pisar la tierra que guarda mis raíces.
¡Hasta la vuelta!
sábado, 25 de septiembre de 2010
Soñar en amarillo
Vicent Van Gogh
Un día de Junio ...
Hoy la carretera se ha convertido en el lugar de citas para los que empiezan las vacaciones. No somos los únicos que avanzan compitiendo en ese afán de llegar. Sin embargo, nuestra ruta tiene establecido un órden en tiempo, kilómetros y pausas, hay nombres y encrucijadas que rompen los perfiles repetitivos en verde y nos distraen, y nubes, muchas nubes que nos acompañan con demostraciones húmedas de afectos.
Más adelante todo es diferente y hace calor. El verano se impone y condiciona el ritmo de nuestro viaje al sur. El sol ilumina contornos y hace del paisaje óleos intensos y suaves acuarelas que despiertan asombros; los sueños cambian y hay lugar para nostalgias e instantes melancólicos. Nos apartamos de la ruta general para atravesar pueblos casi dormidos, ciudades pequeñitas. El silencio sale al encuentro del viajero, que se recrea en el aparente abandono. De vez en cuando se abren ventanas en esta tierra fértil: hasta donde alcanza la vista se extienden campos prometedores de una cosecha generosa, tierras trabajadas, grávidas de un fruto en sazón.
Como cada año recobro las imágenes y desaparecen fatigas y contradicciones. La geografía es aquí amable e inspiradora, en colores cálidos que acarician la vista y despiertan sensaciones. La vid es aún jóven y esperanzada, el trigo crece entre verdes y oros, amapolas rojas, y el amarillo tornasolado de marrones y ocres que viste de lujo a los girasoles, siempre obedientes al sol y buscando un amor perdido. Los girasoles en líneas marciales, aparentemente indiferentes a cualquier intromisión, compensan la lejanía del destino previsto. Una presencia constante de color que se asoma al camino al filo de las horas. Algo especial tiene esta planta herbácea que puede alcanzar hasta varios metros de altura y se deja dominar por sus hormonas.
Seguimos por lugares que no olvidan batallas ni nombres que alcanzaron la eternidad, hasta que lo largo del camino hace nuestro gesto incierto y nos ronda la fatiga. Al atardecer algo espiritual impregna el espacio y todo se equilibra. Se acaban las prisas y se abandona la vigilia. Cuando muere la luz, los girasoles sometidos a la dualidad de su carácter, tienen un asomo de tristeza que difumina sus contornos, y esperarán por prudencia –o quizás por timidez– poder seguir al sol y dejar que sea éste quien atrape de nuevo sus miradas.
Hasta entonces, para ellos y también para nosotros, el tiempo mantiene un aire de concordia que invita al descanso. Esta noche, mientras tanto, el color de mis sueños será en amarillo.
martes, 14 de septiembre de 2010
El árbol de Ana
El árbol de Ana ya no está. Enfermo y sin reserva, no resistió una de las últimas tormentas veraniega del pasado mes de agosto. El castaño, imagen que alegraba los días tristes de Ana durante el tiempo que vivió escondida en Amsterdam, ha terminado separado de sus raices. Aunque se había hecho todo lo posible por conservarlo en vida, las inclemencias del tiempo han sido funestas para él. Treinta toneladas derrumbadas en el suelo. Ahora quedan algunos esquejes que se han plantado en uno de los jardines de la ciudad y partes del tronco depositados en varios museos. El recuerdo está guardado en las palabras escritas que dejó Ana.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Día de los monumentos
foto: Holland turismo
En todo el país
El 11 y 12 de septiembre de 2010
Tema del 2010
El tema de 2010 reza así: El sabor del decimonoveno siglo. A causa de la industria floreciente y las nuevas posibilidades en el terreno técnico durante este siglo, se creaban todo tipo de edificios nuevos, a menudo con una forma sorprendente.
Monumentos de entrada gratuita
Durante El Día de los Monumentos Abiertos, los edificios antiguos y nuevos se abren para el público; la entrada es gratuita. Se trata de los edificios que normalmente están cerrados para el público. Por término medio, el número de visitantes llega a unos 800.000 hasta 900.000 personas. Cada año se abren unos 3000 – 4000 monumentos y casi todos los ayuntamientos participan en este día. Ámsterdam contó el año pasado con unos 35.000 visitantes.
Más información: http://www.openmonumentendag.nl/
martes, 7 de septiembre de 2010
Regreso a los recuerdos
imagen wikipedia: Madrid
Se acercó a ella, desde el silencio, para intentar descubrir la imagen que le ocultaba la memoria y el tiempo transcurrido. Se había dado cuenta de que los recuerdos con frecuencia olvidan o se esconden tras el muro que van formando los años, haciendo imposible el retorno a lo que ha sido. Su deseo era dar vida a los sueños, recobrar el ritmo diario y ese rumor cercano que es el respirar de una gran ciudad. Con todo esto aprisionado en sus ojos, se sumergió en ese andar apresurado de la gente sin tiempo, buscando el corazón aquel que le tenía enamorado.
Atrapado en el carrusel acelerado de los días, le recibieron las calles alborozadas, donde la lluvia dibujaba espejos y reflectaba sonrisas. Sintió la mirada recelosa de los viejos edificios que, revestidos con la prestancia de los años, observaban su pasar. Se encontró de nuevo con la presencia de los que perduran en piedra, y respiró el verde aún existente, que se resistía a cambiar de color. Hasta él llegó el aliento cálido de las bocas desdentadas del metro, y una profusión de luces y sonidos le invadió el alma como una marejada. El ritmo añorado se convirtió en una danza rápida de miles de pisadas, y un sonido, que quería ser melodía convirtió la música en un frenesí de ruidos a su alrededor. Se sintió arrastrado en el torrente de las grandes arterias, perdiéndose en su caudal.
Así, al querer hacer reales los sueños, tropezó con estas nuevas imágenes que hacían sombra a las guardadas en su memoria… Y es que los recuerdos es mejor tenerlos en un álbum como si fotos de un color desvaído se tratara, guardados en vitrinas cerradas con puertas de cristal.
Entonces, entreabrió su alma y dejó reposar su fatiga….
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