Me despertó el latido amenazante del reloj, con la sensación de haber sido vencida por el destino. Las cortinas abiertas de la ventana mostraban un amanecer envuelto en una niebla blanda, que dejaba churretones húmedos en los cristales. El día prometía gris con mucha agua. Mientras dejaba pasar indecisa unos minutos, sentí como las alas del –todavía– presente sueño rozaba mis párpados, y me abandoné a las imágenes que trae siempre la palabra lluvia, tan cerca de mí y tan constante. Lluvia que se había presentado doblada en dos: llanto, letanía triste, zumbido lacerante; temor, repetida sumisión, hasta tener que ganarse su presencia. Silencioso roce frente a una fuerza dominadora que destruye, inundando exigente nuestros deseos, que se impone engendrando contradictorias vidas. Siento muy cerca la palabra lluvia, abriendo camino, disipando la niebla que su presencia lleva consigo. Yo, más que dejarme rozar me entrego a ella. No hay elección posible. Antes de despertar me impone con frecuencia su presencia, silenciosa o impulsiva, mansa, también alegre, o esbozando futuros inciertos, sin olvidar la vida que empieza en ella. Imágenes que me hace llegar hasta hacerme ver que la lluvia, al igual que la felicidad, recoge diferentes frutos de su siembra. La lluvia, siempre contradictoria, siempre presente.
lunes, 7 de febrero de 2011
Siempre la lluvia
Me despertó el latido amenazante del reloj, con la sensación de haber sido vencida por el destino. Las cortinas abiertas de la ventana mostraban un amanecer envuelto en una niebla blanda, que dejaba churretones húmedos en los cristales. El día prometía gris con mucha agua. Mientras dejaba pasar indecisa unos minutos, sentí como las alas del –todavía– presente sueño rozaba mis párpados, y me abandoné a las imágenes que trae siempre la palabra lluvia, tan cerca de mí y tan constante. Lluvia que se había presentado doblada en dos: llanto, letanía triste, zumbido lacerante; temor, repetida sumisión, hasta tener que ganarse su presencia. Silencioso roce frente a una fuerza dominadora que destruye, inundando exigente nuestros deseos, que se impone engendrando contradictorias vidas. Siento muy cerca la palabra lluvia, abriendo camino, disipando la niebla que su presencia lleva consigo. Yo, más que dejarme rozar me entrego a ella. No hay elección posible. Antes de despertar me impone con frecuencia su presencia, silenciosa o impulsiva, mansa, también alegre, o esbozando futuros inciertos, sin olvidar la vida que empieza en ella. Imágenes que me hace llegar hasta hacerme ver que la lluvia, al igual que la felicidad, recoge diferentes frutos de su siembra. La lluvia, siempre contradictoria, siempre presente.
lunes, 31 de enero de 2011
jueves, 20 de enero de 2011
El mar
Poema de Victoria Atencia
Bajo mi cama estáis, conchas, algas, arenas:
comienza vuestro frío donde acaban mis sábanas.
Rozaría una jábega con descolgar los brazos
y su red tendería del palo de mesana
de este lecho flotánte entre ataúd y tina.
Cuando cierro los ojos se me cubren de escamas.
Cuando cierro los ojos, el viento del Estrecho
pone olor a Guinea en la ropa mojada,
pone sal en un cesto de flores y racimos
de uvas verdes y negras encima de mi almohada,
pone henchido el insomio y en un larguero entonces
me siento con mi sueño a ver pasar el agua.
lunes, 10 de enero de 2011
lunes, 27 de diciembre de 2010
No me duele decirte adios
2010
No me duele decirte adiós para compensar futuros que perdieron la palabra. No me cuesta desprenderme de ti y de esos momentos en que me abandonó la fe deshojando lo voluble de tu carácter. Sólo unos pasos más y un almanaque vencido harán que seas igual a una historia repetida, con un sabor amargo y hasta cruel en la imagen que han dejado tus pasos en el tiempo. La realidad es aún más: un exceso a cercenadas madrugadas, miradas sin luz, y un sinfín de violencias y odios en el hombre que no quiere aceptar la agonía de una tierra en tránsito, y sigue velando lunas caprichosas. El resto se esfuerza en descomponer azules en sombras y delirios.
Se te va la vida, y no lo voy a sentir mientras sigamos en este simulacro del Edén: un jardín de abrojos donde te volveré a ver con otro nombre y los mísmos días.
lunes, 13 de diciembre de 2010
lunes, 6 de diciembre de 2010
Carta a mi tierra
(25 enero 2006)
Algo se rompe en mí, y me axfisia esta obligada quietud que desmorona mi paciencia. ¡Cuánto hace que no nos vemos! Se me hace extraño el tiempo que paso lejos. Con la entrada del frío y la permanente estancia de los grises han llegado imágenes cálidas de tu recuerdo, y el deseo inconfundible y denso de volver a verte. ¡Te echo tanto de menos! Me falta mucho cuando no tengo el abrazo estrecho y rendido de tus vientos y tu color. Los azules aquí sólo los encuentro en los ojos de la gente; y la lluvia, que siento siempre perenne y cerca, estimula esa desazón que da la ausencia.
Pero no todo es carencia e inquietudes. El sentimiento de pérdida se reconforta cuando hablo de ti a quienes viven conmigo la realidad de los días. Me gusta contar como eres, descubrir tus contornos, dar a conocer los colores que te haces vestir. Quiero que sepan de tus horizontes y límites cercanos, de tus sabores, y ese carácter alegre y de buena templanza que muchos ya conocen. Hablo de ti y ellos me comprenden: mi vida se inspira en el Sur, ahí donde se entrelazan nuestras raíces. Así he llegado a ser equilibrista en la cuerda que ata mis dos latitudes, aprendíendo a enmudecer la nostalgia, a confiar en lo ausente, y a silenciar alegóricos olvidos y ciertos comportamientos de esta vida acelerada y distante.
Hoy me he levantado con ganas de cerrar los paraguas y buscar la Primavera, la claridad y el aroma de mi infancia, y el revuelo de palomas en la plaza de nuestros juegos; hoy, cuando todavía el invierno está a medio hacer y el frío no ha cambiado su gesto, he sentido la necesidad de salir al encuentro de todas estas imágenes que me llaman. Mientras, te escribo apilando en las letras todo el desorden de mis deseos.
Algo se rompe en mí, y me axfisia esta obligada quietud que desmorona mi paciencia. ¡Cuánto hace que no nos vemos! Se me hace extraño el tiempo que paso lejos. Con la entrada del frío y la permanente estancia de los grises han llegado imágenes cálidas de tu recuerdo, y el deseo inconfundible y denso de volver a verte. ¡Te echo tanto de menos! Me falta mucho cuando no tengo el abrazo estrecho y rendido de tus vientos y tu color. Los azules aquí sólo los encuentro en los ojos de la gente; y la lluvia, que siento siempre perenne y cerca, estimula esa desazón que da la ausencia.
Pero no todo es carencia e inquietudes. El sentimiento de pérdida se reconforta cuando hablo de ti a quienes viven conmigo la realidad de los días. Me gusta contar como eres, descubrir tus contornos, dar a conocer los colores que te haces vestir. Quiero que sepan de tus horizontes y límites cercanos, de tus sabores, y ese carácter alegre y de buena templanza que muchos ya conocen. Hablo de ti y ellos me comprenden: mi vida se inspira en el Sur, ahí donde se entrelazan nuestras raíces. Así he llegado a ser equilibrista en la cuerda que ata mis dos latitudes, aprendíendo a enmudecer la nostalgia, a confiar en lo ausente, y a silenciar alegóricos olvidos y ciertos comportamientos de esta vida acelerada y distante.
Hoy me he levantado con ganas de cerrar los paraguas y buscar la Primavera, la claridad y el aroma de mi infancia, y el revuelo de palomas en la plaza de nuestros juegos; hoy, cuando todavía el invierno está a medio hacer y el frío no ha cambiado su gesto, he sentido la necesidad de salir al encuentro de todas estas imágenes que me llaman. Mientras, te escribo apilando en las letras todo el desorden de mis deseos.
jueves, 2 de diciembre de 2010
En el umbral del invierno
En el umbral del invierno el frio coquetea perezoso
seduciendo su virginal tersura,
Fiel a sus azules
esperará la fugacidad del tiempo:
el blanco perderá en el barro su gélida sonrisa
cuando el sol, de nuevo, entregue sus encendidos recuerdos
a la tierra.
Un día especial (parecido al de otros años)
Hoy ha sido un día especial: ha aparecido el color blanco, los árboles saben a azúcar y el agua se ha hecho transitable para aves y niños que todavía creen. Hay silencio protector entre las hojas cargadas de frío y cuando ando, mis huellas dejan sonrisas que la luz hace desaparecer. Hoy ha sido un día de cuentos y trineos, de chimeneas alegres, de chocolate caliente, de nieve tímida sin acabar de caer. Hoy ha sido un día que ha trastornado las imágenes y ha dejado eco en mis azules eternos, ahora frágiles sombras que esperan sobrevivir.
lunes, 29 de noviembre de 2010
Mis gaviotas
No todas las gaviotas traen sabor a mar
cuando me acercan imágenes prestadas del azul.
Sus alas toman el blanco del amanecer,
grisáceo tinte que viste auroras de desánimos.
Depresivas merodean un espacio desinteresado de color,
irritando nubes y asustadas mariposas.
No son éstas las gaviotas que esperaba ver aquí,
aquellas que hicieron su hogar en La Farola,
las que llevaban aroma tibio de sal,
del espeto y las moragas en las noches de verano.
Estas no saben reír
ni sobrevolar el tiempo adormecido,
sólo conocen el olor del arenque y la humedad,
arco iris y el silencio del agua absorta y sin palabras.
martes, 23 de noviembre de 2010
El vino dulce siempre ...
Foto:wikipedia
Copas Mari-Luz con merengue
Receta de mi madre Mari-Luz Wallace Pittaluga
Ingredientes:
Galletas Maria
Vino dulce, con preferencia de Málaga
Plátano, melocotón, pera y guindas
Unas natillas claritas*
Unas claras de huevo para el merengue
La cantidad a emplear dependerá del número de invitados.
Necesitarás una copa de fondo ancho para cada comensal.
Preparación:
Troceas la fruta, a excepción de las guindas.
En el fondo de cada copa se pone una galleta empapada en el vino dulce.
A continuación repartes la fruta troceada menos la guinda. Se hacen unas natillas de vainilla y se añade a las copas hasta que cubra la fruta.
Bates las claras y cuando estén montadas se endulzan.
Adorna con el merengue las copas.
Por último dale el toque de color adornándolas con la guinda.
Déjalas en el frigorífico hasta el momento de servir.
*Recomiendo unas natillas caseras.
Copas Mari-Luz con merengue
Receta de mi madre Mari-Luz Wallace Pittaluga
Ingredientes:
Galletas Maria
Vino dulce, con preferencia de Málaga
Plátano, melocotón, pera y guindas
Unas natillas claritas*
Unas claras de huevo para el merengue
La cantidad a emplear dependerá del número de invitados.
Necesitarás una copa de fondo ancho para cada comensal.
Preparación:
Troceas la fruta, a excepción de las guindas.
En el fondo de cada copa se pone una galleta empapada en el vino dulce.
A continuación repartes la fruta troceada menos la guinda. Se hacen unas natillas de vainilla y se añade a las copas hasta que cubra la fruta.
Bates las claras y cuando estén montadas se endulzan.
Adorna con el merengue las copas.
Por último dale el toque de color adornándolas con la guinda.
Déjalas en el frigorífico hasta el momento de servir.
*Recomiendo unas natillas caseras.
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