viernes, 12 de agosto de 2011

Una tarde de lectura en el parque





Este verano asistí, en el parque de Málaga, a un pequeño recital de poesía.
David Leo García, estudiante de Filología Hispánica de 22 años de edad, leyó algunos de los poemas de su poemario "Dime qué". Obra que fue premiada con el "XXIII Premio de Poesía Cáceres Patrimonio de la Humanidad". A sus 17 años obtuvo el  Premio Hisparión por "Urbi et orbi" (2006) siendo así el premiado más jóven de su historia.

Encontré frescura y originalidad en sus poemas.



lunes, 8 de agosto de 2011

De nuevo estoy en casa




Finalizaron las vacaciones


..... desfilaron curvas, montañas perfiladas de azules, subidas, descensos, ríos. Extensiones secas, otras verdes. Pueblos, gente, diferentes lenguas. Vi el revolotear de banderas. Todo quedó engarzado en mi mirada, aguardando próximas ocasiones.

viernes, 10 de junio de 2011

!De vacaciones!


El mar desde lejos. Siento
el mar desde lejos.
Estoy en los pinos. Tengo
el mar del Sur en el pecho.
Un mar alto, por el viento.
Un mar de ángeles en vuelo.

 
José María Pemán

jueves, 9 de junio de 2011

La torre inclinada de Bedum (Groninga)


Torre de la iglesia Walfriduskerk en Bedum, de 35 metros de altitud.
(Principios del siglo XII)

¿Más inclinada que la de Pisa?

martes, 7 de junio de 2011

Lluvia

Foto: wikipedia

Arrebato
que traduce en tí todas las lluvias pronunciadas
con la violencia vertical de tu lenguaje
en un ancestral sonido,
y hace desfallecer la luz
en descarados insomnios y ausencias.



domingo, 29 de mayo de 2011

Hay de esos días ...



Hay de esos días que nacen alas
y vuelas por encima de lluvias, de nubes, de grises,
danzas en silencio buscando más allá de los sueños
el camino del deseo.

jueves, 12 de mayo de 2011

Pasiones


Cuesta retomar el lenguaje de esta tierra mía y duele la memoria del constante desafio del tiempo con las imágenes de antes, pero me gusta volver en esta época del año con el azahar en el aire, los claveles reventados, el romero y la cera por las calles. Encuentro el espacio y los paisajes cambiados y ya no puedo alcanzarlos con la rapidez acostumbrada. Sin embargo, también en esta ocasión he acudido a la cita de siempre atraída por esa identidad religiosa que la ciudad manifiesta sin caer en la rutina, por el esfuerzo de su gente apresurada y por la devoción exaltada entre un cierto desorden que he vivido en las noches de esta Semana Santa. Una semana en la que nos desdoblamos en dos: expectadores y actores de una historia escrita y que se sigue escribiendo. Siete días de aplausos y lágrimas, de palios y bambalinas, símbolos y rituales que hacen sentir La Pasión de una manera propia y especial pero no menos intensa, exaltada, exigente. Lo descubres en los cofrades, en los que llevan los tronos, en los ojos de los nazarenos, en la espera repetida de las imágenes. Desfilan con pasos concertados con la tradicción de una cadencia rítmica, y siempre el redoble del tambor, la campanilla, la candelaria encendida, y el valor de los que suben todo el peso en sus hombros, en un alarde de fidelidad compartida hasta llegar con ellas en sus casas de hermandad, donde sólo les queda esperar hasta la próxima Semana Santa para salir. Una semana, siete noches para La Pasión del sur.

Y yo volveré y me veré obligada a vivir otra clase de pasión que ha ido conjugando desde siempre mi identidad con la misma exaltación que tuvieron los desfiles. Una pasión que fija límites en el órden establecido de las cosas, que desafía voluntades, que levanta la voz para imponer sus condiciones sin querer asumir el tiempo que le queda, y que también nos obliga a marchar con pasos y por sitios concertados. Pero volveré a esta tierra y mi memoria se hará audaz enfrentándose a las imágenes de entonces. Volveré y seguiré hablando, con un lenguaje sin hostilidad, de mis propias emociones. No habrá fidelidad, pero quizas así pueda enfrentarme y vencer los tiempos imperativos que restan.

viernes, 8 de abril de 2011

A punto de partir pero todavía no



"Las vacaciones verdaderas no son viajes de descubrimiento sino un ritual de tranquilidad"
A.Philip Adams


Estaré unas semanas en el sur, en Málaga


Me reconozco al límite de la resistencia ante un equipaje que cada vez exige más. ¡Este viaje no es para siempre! -me digo- y sigo buscando lo que la memoria suele olvidar, como son unas llaves perdidas, el pasaporte que no está donde debe, el libro que tenía reservado para esta ocasión. Nunca se está completamente a punto de partir. Acechan además razones para impedirlo: problemas que en esta última hora escogen el momento de mostrar sus quebrantos, y rompen la estabilidad de lo programado. Pero sobre todo es el tiempo lo que domina a los que se quedan con la ausencia y la distancia, y será el desaliento el que moldee el miedo a la soledad. Para quien – en el vértice de sus años- no entiende de distancias y ese tiempo es un futuro que teme inalcanzable en la quietud que vive el suyo, la espera está inmersa en el acoso del silencio de sus días.

Todo es parte del equipaje que lleva el que está a punto de partir, compañero inevitable que acompañará cada capitulo de esta historia.

jueves, 7 de abril de 2011


Se ha despertado con una sensación abrupta de desconcierto. El sol comienza a distorsionar la luz frágil de este amanecer. Frente a ella el monte va pespunteándose de sombras, y el olor de las higueras hace presentir un nuevo día de calor. El terral - hoy tempranero – aprieta su piel hasta despertarla totalmente, sin contemplaciones, para no hacerle olvidar que hay aquí mucho más que la tierna suavidad del mar. En la realidad transparente de la hora rescatan los azules sus imágenes, le ayudan a recuperar las palabras que dejó atrás, le hacen sentir el latido de unos recuerdos aparcados. El mar, con su compás detenido en el tiempo, es el que aplaca la desazón de la herida que provocó la distancia y humedece sus raíces sedientas de identidad.


Unos gritos recios anuncian la llegada de unas jábegas con su carga de historia y baja hasta la Caleta. Se adelantan unas gaviotas deslumbradas por el bullir de la pesca. En un instante están sus inasibles huellas en la arena, mientras en la orilla se rompe el agua en mil pedazos. Mañana se habrá disuelto su añoranza. Mañana todo habrá ocupado su lugar.

viernes, 1 de abril de 2011

Han vuelto las lluvias







Yo no necesito soñar con la lluvia tierna,
compañera fiel en los días grises
lejos de las cálidas aguas del sur.
Su presencia es llanto
que me adormece con su melódico
batir en la ventana,
trae cerca el rumor del mar
y asusta a los pájaros negros
que hacen nidos en mis sueños.

jueves, 17 de marzo de 2011

La realidad de un sueño


Refugiada en los sueños, se aferra  a su imagen como náufrago a la vida. Le sobrecoge la idea de no poder sujetar su recuerdo, perdido en la intensidad hiriente de la ausencia. Se pregunta cómo hacerlo: aún tiene reciente sus caricias dormidas sobre la piel, aquel suave pleamar que se enredaba entre sus brazos, su sabor y su sentir. ¡Cuánto le falta! La sensación de añoranza sigue aumentando, le abruma. De nada sirve que no lo pierda definitivamente si se siente esclava de las distancias y llora ese recuerdo que sus lágrimas van dejando caer. Hoy el sueño se lo ha traído de nuevo. Ha surgido de la niebla húmeda que abre surcos blancos en el antracita de las noches. Así aplacó el miedo, pero no olvida los azules que dominan su pasado, y siente envidia de las gaviotas, dueñas de sus deseos, que pasan la vida meciéndose en él.

sábado, 5 de marzo de 2011

Una pérdida muy sentida



Le habíamos visto crecer, sin límites y en rápida monotonía con los años. Era un chavalillo en el que ya empezaban a destacar algunos de los rasgos que le caracterizarían más tarde: alto y flexible en lo adverso del tiempo. De pequeños, mis hijos gustaban de acercarse hasta él y buscar el refugio de sus brazos. A veces yo temía por su calma cuando le involucraban en sus juegos con la rudeza y la fogosidad de la edad, pero se mantenía siempre como el símbolo de la verticalidad y nunca le vi gesto de enojo o de congoja.

Cayeron las hojas para él y para mí, se nos fueron marcando pliegues con descaro. Su presencia era una constancia fiel, donde yo reflejaba el recuerdo de aquellos otros que mecieron mis infantiles caprichos, aunque no sé muy bien quién de los dos ambicionaba más la luz y un baño silente de azules. Me asombraba su carácter, su instinto de conservación que le enfrentó con frecuencia a una naturaleza caprichosa con esa magia que le hacía elevarse por encima de nosotros, mientras yo sentía tiritar mis raíces. No había nada que le doblegara. Sólo hubo una ocasión en que le faltó viveza y necesitó tiempo hasta que recobró el color fresco de su piel, y siguió compartiendo la esencia de la vida. Volvió a danzar en el aire.

Eso fue el ayer, hoy es el dolor y la derrota al ser vencido por una naturaleza borrascosa y tenaz, que abatió su vida dejando que el viento abriera una herida en la tierra sin defensas. Con él ha desaparecido un compañero fiel, bajo cuya sombra nos cobijábamos durante los veranos.