viernes, 13 de enero de 2012
martes, 10 de enero de 2012
viernes, 6 de enero de 2012
¿Tendremos que salir nadando?
Fotos de hoy: Volkskrant, Nederland
Los holandeses están orgullosos de la heroica lucha que mantienen durante siglos contra el agua. Yo más bien creo que tienen una relación amor-odio, que desde tiempos inmemoriables van arrastrando. Principalmente porque, a pesar de los problemas que le da desde siempre, también tienen que agradecerle su existencia. El mar les dejó arena con la que se formaron dunas que hicieron de barrera protectora del país. También el mar les trajo prosperidad, ya en la Edad Media, con intercambio comercial con Dinamarca, Inglaterra y Francia, y hasta el siglo pasado, el transporte por agua era de gran importancia. De igual necesidad eran los ríos, suministro de agua para la agricultura y los habitantes del país. Por lo tanto, Holanda tiene que agradecerle mucho al agua.
Si preguntamos por dos de las características de Holanda, las más frecuentes que oíremos serán que llueve mucho y que está bajo el nivel del mar. Ya el mismo nombre -Nederland- lo dice: país bajo el nivel del mar. De unos 41.526 km2. una gran parte de ellos está bajo el nivel del agua. Asi que se reune todo, mucha agua, también mucha gente, pero, y esto es lo peor, poco sitio. 450 habitantes por km2. Del mar se protegieron construyendo diques y para hacerse más grande encontraron la solución en los polders, extensiones de terreno ganadas al mar. Los diques son los que contienen ese agua en su sitio. Uno de los primeros data de hace unos mil años. La mayoria de ellos en el Norte y Este del país. El terreno en los polders es completmente diferente al resto del paisaje holandés. Los caminos son rectos, los árboles están tambien en filas rectas y no entremezclados, no hay bosques y si quieres ir a uno de los polders siempre tienes que pasar por un dique.
Los diques han servido también de defensa. Ya en 1870, durante la guerra Francia-Alemania, tiraron parte de uno para provocar inundaciones con el fín de no dejar avanzar al ejercito. Lo mismo ocurrió en 1914, con la Primera Guerra Mundial y en 1945 con la Segunda. Sin embargo, Holanda también ha sufrido inundaciones al romperse los diques a consecuencia de mareas y tempestades, que terminaron en grandes catástrofes. Ahora en estos días se vuelve a hablar mucho de lo que ha quedado en la historia como El desastre de 1953. En aquel año, en la noche del 31 de enero al 1 de febrero, las olas del mar destruyeron diques y dunas, y en algunos sitios el agua subió tan alto que los diques resultaron demasiado bajos. Al día siguiente llegó una nueva marea, aún más grande, alcanzando el agua alturas superiores. El resultado fue una verdadera tragedia : 1835 personas y unos 30.000 animales ahogados, unas 47.300 edificios dañados, de las cuales 10.000 completamente destruidos, y unos 187 kms. de diques destrozados. En total 153.000 hectáreas de terreno quedaron bajo el agua.
Después de esa tragedia se puso en acción el plan Delta. Consistía en la construcción de nuevos diques y presas, reforzar y hacer más altos los existentes. Y así dominar o hacer que la probabilidad de que ocurra lo mismo sea lo más pequeña posible. En cambio parece ser que ahora el peligro acecha desde los ríos, en primer lugar el Rin y Mosa. Además se ha constatado que el nivel del mar ha subido en los últimos años y han aumentado las lluvias. Hay que estar prevenidos.
martes, 3 de enero de 2012
Visitando a Pablo
Plaza de la Merced, Málaga (12 diciembre 2011)
Un encuentro, una mirada, y se abre dejando que una insistente luz penetre hasta el interior: Me recibe un aire tibio de memorias en sepias, deshilachando intimidades. Desde sus ventanas me asomo a la historia. El héroe tiene la inmovilidad de los años y mira desde la piedra. Palomas que vienen y van dibujan sombras en la tarde y adormecen la plaza derramando silencios.Vuelvo la espalda y lo busco. En el espacio aún perdura el eco de jóvenes pisadas y me siento envuelta en su mirada oscura, que sigue extática mis pasos desde el espacio. Recojo el desamor del hombre, impuesto por la ausencia que le lleva al olvido. Quedan colgando grises prematuros y algunos azules robados al mar. Nada más. La casa ya no es su casa.
El pintor nunca volvió. Picasso se llamaba……
jueves, 29 de diciembre de 2011
Despidíendo al 2011
Felíz Año 2012
Recuerdo como eras cuando llegaste enjaretando días, blanco de experiencias y con equipaje: un hato de promesas y un exceso en sueños. Promediaba una sonrisa, para atemperar posibles frialdades y desengaños a tanta prosperidad, anunciada entre burbujas doradas. Una fanfarria de música y luces adormecía negros presagios. La juventud que traían tus recién estrenadas horas, haciendo olvidar la amenaza del tiempo, iba desgranando un calendario que nos regalaba grandes lunas y noches solitarias. Quedaban en silencio muchas de tus promesas y algunos secretos, cuando se iluminaron las húmedas canículas, coloreando blancos en brotes de verdor. Aroma de salitres y bosques acercó otras sesiones y adormeció desengaños…¡volví a sentir otra vez el frío!
Ahora acabado el tiempo, me dejas las dudas. Recogeré los sueños no dormidos y me sentaré a verte partir…
jueves, 22 de diciembre de 2011
lunes, 19 de diciembre de 2011
Ghosts of Christmas: El espíritu de la Navidad
Como otros años Deventer se vistió de Dickens ...
Charles Dickens está de nuevo aquí, envuelto en el olor del ponche y las castañas asadas, y yo vuelvo a dejarme conquistar por ese aire inglés de Navidad que llega con su visita. La nieve este año es real, y al calor de la fogatas encendidas en las calles se acercan los personajes traídos por él, entre temblorosas luces, árboles de Navidad, y casas restauradas de la época. No sólo en las calles, sino a través de ventanas y puertas abiertas entras en el ambiente romántico y lleno de contrastes del siglo XIX.
Esta vez quiero alcanzar el tiempo y retroceder, cruzar esa línea que separa lo verdadero de lo imaginado en sus cuentos, vivir en el presente las historias de los libros. Me veo avanzando por esas calles anfitrionas de la ciudad. Hace frío. Copos de nieve dan el toque blanco al color en las mejillas de la gente. Pronto me encuentro rodeada de una abrigada multitud, deseosa igual que yo de conocer a los verdaderos protagonistas del día: vendedores de periódicos, deshollinadores, huérfanos desharrapados, mendigos y locos, rateros, niños que ofrecen en venta. En el recorrido también me cruzo con damas elegantes y caballeros con sombreros de copa. Más adelante me enfrento a un grupo de exaltadas señoras que exigen el derecho a voto, mientras vendedores muestran sus mercancías y un muchachito anuncia las noticias del periódico que ofrece.Tengo un encuentro con Ebenezer Scrooge tan desagradable como siempre, con la pequeña Dorrit, con el distinguido señor Pickwick. A Oliver no hay quien lo pueda coger, y David Copperfield muestra el buen carácter que nos contaba Peggotty. En una esquina un contador de cuentos entretiene a un grupo de curiosos, y hay un momento de confusión cuando atisbamos a la reina Victoria a través de los cristales de una carroza.
El aire frío trae cerca las notas de un coro que canta a la Navidad mientras el día cuenta tenaz las horas. Voy pasando de un libro a otro recogiendo cada una de las historias. Los personajes se muestran cansados y se hacen reales, toman propias decisiones, manifiestan sus derechos. Se han hecho noticia que atrae a miles de visitantes para asistir a esta cita cada año, y así saben que volverán a copiar la moda de entonces, a airear los disfraces, a desempolvar sombreros, y ensayarán canciones y textos para dialogar. Así cuando el rumor de la ciudad vuelve a sus actuales dimensiones, los protagonistas del día regresan al silencio de las letras. Allí dormirán el sueño reparador que los harán tan apetecibles, tan deseados como cada año.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Eterna inquietud
foto: Stentor
"Frío e insípido es el consuelo
cuando no va envuelto en algún remedio"
( Platón)
No me gusta el invierno, aunque admiro su poder de persuasión que me confronta a lo oscuro camuflado en las horas y me acerca la ausencia y el desdén de las sesiones que le precedieron. Soy sensible al mensaje de su silencio que despierta en mí el rechazo y la congoja con cada uno de sus ciclos. No me gusta, aunque me seduzca con el blanco blando, el fuego de las chimeneas y el rojo de la Navidad. Son caracteres que le pertenecen en cierta manera, con los que trata de hacer chantaje a mi discernir. No tengo miedo de su caricia fría ni de la niebla donde los límites pierden lucidez; eso es sólo letargo para mi impaciencia. Pero la inquietud y desvelo que me produce hacen que trate de encontrar un rescoldo abrigado con los nombres de sus rivales en constante regresión. Todo inutil. El invierno habla su propio lenguaje con un atractivo que desordena de asombros los días, y yo me siento perdida en el laberinto de una travesía que cada vez me limita más.
martes, 15 de noviembre de 2011
La poesía internacional reconoce los versos de Álvaro García
El poeta malagueño gana el XXIV Premio de Poesía Loewe con 'Canción en blanco', compuesto por un solo poema largo.
García ya fue ganador del Premio Hiperión en 1989 por 'La noche junto al álbum'.
El poeta malagueño Álvaro García ha ganado este martes el Premio Internacional de Poesía Loewe en su XXIV edición por su libro Canción en blanco, que está compuesto por un solo poema largo, que refleja el amor como "totalidad" en contraste con el sufrimiento del mundo.
Esta edición el jurado ha valorado el riesgo que entraña escribir un único poema, "un reto muy novedoso en la generación actual y que Alvaro García ha conseguido con gran riqueza".
Para el escritor y jurado Luis Antonio de Villena, Canción en blanco se centra en el amor como "contestación de la celebración" sin dejar de lado una reflexión sobre la muerte, el paso del tiempo o lo efímero.
García entona sus versos al "gran chute" que significa el amor, "que te hace comprender las cosas y sentirte más vivo", explica este poeta. Canción en blanco cierra una trilogía que inició en el 2002 con Caída y en 2005 con El río del agua.
Los versos de la obra premiada nacen en una habitación de hotel cuando un hombre y una mujer celebran su amor mientras la televisión emite imágenes de la invasión de un país."Es un gran contraste y un acto heroico, a la vez" explica este poeta para quien la poesía roza el "lenguaje absoluto". ' La única revolución no sangrienta.
En este sentido, García apuesta por la poesía para acercarnos al "lenguaje entusiasta" y rechaza la idea del los versos que se imponen una "tarea social adherida". "Si todo el mundo leyera poesía, avanzaríamos más", explica este poeta malagueño, para quien la "única revolución no sangrienta es la poética".
Canción en blanco cierra una trilogía que inició en el 2002 con Caída y en 2005 con El río del aguaÁlvaro García, que fue ya ganador del Premio Hiperión en 1989 por su libro La noche junto al álbum, suma hoy a sus galardones el premio Loewe, uno de los más prestigiosos de este género.
El vencedor de esta edición, doctor en Teoría de la Literatura, traductor y articulista, tiene un total de cinco libros de poemas y uno de ensayo titulado Poesía sin estatua. Ser y no ser en poética (2005). García ha traducido libros de Larkin, Auden, Atwood, Kipling y Kenneth White, entre otros.
Fuente: (20 minutos.es)
lunes, 14 de noviembre de 2011
jueves, 3 de noviembre de 2011
Otoño, tiempo para soñar. Un cuento.
Un texto antiguo
Entre los libros preferidos de mis años infantiles están los cuentos de la colección "Marujita", de Ediciones Molino. Su lectura influyó muchos de esos años en mi hermana y en mí y aún hoy día no estoy muy convencida, quizás no quiero convencerme, que no existe ese mundo encantado que nos describían, el pais de las hadas.
Mis abuelos vivían en una casa en las afueras de la ciudad con un gran jardín, donde mis hermanos y yo disfrutábamos las aventuras más fantásticas y divertidas. Era el sitio ideal en el que nuestra imaginación infantil situaba aquel mundo de los libros; allí tratábamos de encontrar entre los árboles, setos, plantas y flores, esa población menuda que formaban las hadas, duendecillos, gnomos, elfos y geniecillos traviesos. Todo el tiempo que nos dejaba libre el colegio -entonces teníamos de aquellas largas vacaciones- lo pasábamos en aquella casa, hoy desaparecida. El jardín estaba rodeado de altas verjas de hierro que ofrecían una gran seguridad a los mayores que nos dejaban libres para corretear todo el día a nuestro gusto, interrumpiendo los juegos solamente a la hora de las comidas y la siesta.
Títulos tan bonitos como La travesura del gnomo pegón, El duendecillo de la chimenea, Un gato en el país de las hadas, La casa encantada y muchos, muchos más, daban paso a historias que se desarrollaban en un país a donde se llegaba por senderos ocultos o puertas invisibles, con personajes que vivían en casitas mágicas que andaban o hablaban, siempre en medio de una exuberante vegetación. Con la imaginación rica de los niños, no nos era difícil sentirnos protagonistas en medio de aquel mundo de magia, buscando detrás de un árbol, en el hueco de un tronco, entre las rosas y los geráneos o en cualquier pequeño rincón del jardín, algunos de aquellos gnomos, duendes y hadas para hacerlos compañeros de nuestros juegos. Hoy, aquella casa de mis abuelos, desgraciadamente, ha desaparecido arrastrada en la vorágine de los tiempos que corren y sólo queda un terreno lleno de matojos y maleza. Nada mágico ni especial podemos encontrar; eso sí, aún están en pie las palmeras que indican el lugar de tantos recuerdos.
Estamos entrando en el otoño. Es el tiempo ideal para pasear por el bosque; hay calma después de la agitación y exhuberancia del verano, y sugen nuevas actividades para esta época fría que se acerca. Caminando por los estrechos senderos sombreados con altos árboles, aún no despojados totalmente de sus hojas, puedes ver como la naturaleza se envuelve en tonalidades ocre, marrones, oro viejo, verdes oscuros y amarillos. Cerca de casa hay un bosquecillo donde me gusta pasear; el suelo está cubierto de una crujiente manto que amortigua el ruido de los pasos y hay abundancia de frutos maduros, manzanas silvestres, castañas, bellotas, toda clase de setas. En esta época del año la naturaleza es ahora diferente, la vegetación distinta, más amplio el espacio, las sombras y los sonidos tienen otras tonalidades, pero, en la luz suave del sol de otoño que todo lo envuelve, la magia es la misma de entonces y la imaginación está todavía dispuesta a ayudarte.
Desde pequeña he sentido la necesidad de leer. Con los libros crecí, me acompañaron cuando me alejé y ahora son más numerosos los que están conmigo. Conocí nuevas historias y diferentes personajes hicieron su aparición, pero, a pesar de todas experiencias que me han invitado a vivir aún sigo buscando en mi pequeño jardín, entre las nuevas plantas y entre los árboles, la magia de aquellos cuentos: hadas, duendecillos, gnomos y elfos, …¡Quién sabe, quizás alguna vez los encuentre!
Entre los libros preferidos de mis años infantiles están los cuentos de la colección "Marujita", de Ediciones Molino. Su lectura influyó muchos de esos años en mi hermana y en mí y aún hoy día no estoy muy convencida, quizás no quiero convencerme, que no existe ese mundo encantado que nos describían, el pais de las hadas.
Mis abuelos vivían en una casa en las afueras de la ciudad con un gran jardín, donde mis hermanos y yo disfrutábamos las aventuras más fantásticas y divertidas. Era el sitio ideal en el que nuestra imaginación infantil situaba aquel mundo de los libros; allí tratábamos de encontrar entre los árboles, setos, plantas y flores, esa población menuda que formaban las hadas, duendecillos, gnomos, elfos y geniecillos traviesos. Todo el tiempo que nos dejaba libre el colegio -entonces teníamos de aquellas largas vacaciones- lo pasábamos en aquella casa, hoy desaparecida. El jardín estaba rodeado de altas verjas de hierro que ofrecían una gran seguridad a los mayores que nos dejaban libres para corretear todo el día a nuestro gusto, interrumpiendo los juegos solamente a la hora de las comidas y la siesta.
Títulos tan bonitos como La travesura del gnomo pegón, El duendecillo de la chimenea, Un gato en el país de las hadas, La casa encantada y muchos, muchos más, daban paso a historias que se desarrollaban en un país a donde se llegaba por senderos ocultos o puertas invisibles, con personajes que vivían en casitas mágicas que andaban o hablaban, siempre en medio de una exuberante vegetación. Con la imaginación rica de los niños, no nos era difícil sentirnos protagonistas en medio de aquel mundo de magia, buscando detrás de un árbol, en el hueco de un tronco, entre las rosas y los geráneos o en cualquier pequeño rincón del jardín, algunos de aquellos gnomos, duendes y hadas para hacerlos compañeros de nuestros juegos. Hoy, aquella casa de mis abuelos, desgraciadamente, ha desaparecido arrastrada en la vorágine de los tiempos que corren y sólo queda un terreno lleno de matojos y maleza. Nada mágico ni especial podemos encontrar; eso sí, aún están en pie las palmeras que indican el lugar de tantos recuerdos.
Estamos entrando en el otoño. Es el tiempo ideal para pasear por el bosque; hay calma después de la agitación y exhuberancia del verano, y sugen nuevas actividades para esta época fría que se acerca. Caminando por los estrechos senderos sombreados con altos árboles, aún no despojados totalmente de sus hojas, puedes ver como la naturaleza se envuelve en tonalidades ocre, marrones, oro viejo, verdes oscuros y amarillos. Cerca de casa hay un bosquecillo donde me gusta pasear; el suelo está cubierto de una crujiente manto que amortigua el ruido de los pasos y hay abundancia de frutos maduros, manzanas silvestres, castañas, bellotas, toda clase de setas. En esta época del año la naturaleza es ahora diferente, la vegetación distinta, más amplio el espacio, las sombras y los sonidos tienen otras tonalidades, pero, en la luz suave del sol de otoño que todo lo envuelve, la magia es la misma de entonces y la imaginación está todavía dispuesta a ayudarte.
Desde pequeña he sentido la necesidad de leer. Con los libros crecí, me acompañaron cuando me alejé y ahora son más numerosos los que están conmigo. Conocí nuevas historias y diferentes personajes hicieron su aparición, pero, a pesar de todas experiencias que me han invitado a vivir aún sigo buscando en mi pequeño jardín, entre las nuevas plantas y entre los árboles, la magia de aquellos cuentos: hadas, duendecillos, gnomos y elfos, …¡Quién sabe, quizás alguna vez los encuentre!
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