miércoles, 30 de diciembre de 2009
Mi lista de deseos para el 2010
En noches como ésta
le pido al año un tránsito sin resistencia
acompañado de burbujas de diáfano color.
Le pido al año ternuras fértiles,
un lenguaje estratégico y no sujeto a tributos ni a modas,
que sepa cómo pagar la deuda de los silencios y de las horas sin dormir.
Le pido que quiebre la melancolia,
y la transforme en sonrisas con rapidez,
que haga llorar al miedo
y a los futuros comprometidos,
que narre fantásticos cuentos con un lenguaje obediente,
-solidario con gramáticas y diccionarios-
que no exija fronteras y calme el eco amenazador,
que haga héroes a los niños,
que trueque sueños en regalos
envueltos en cintas de seda y papel de celofán.
Pido que me proteja de aves oportunistas
-tramposos pájaros de corral-
fantasmas de diseño pálido y estructura que se resiste
entre las líneas trazadas en una hoja de papel.
En noches como ésta seguiré pidíendo al año:
que haga de las estrellas espejos,
un Camino para andar,
pediré lencería en seda roja,
una carícia, un temblor,
que vista de azules mi desnudez,
un puñado de palabras, voces, sonidos, ecos que perduren,
música para acicalar los días,
lunas, nubes, momentos, letras para escribir,
magia para hacer verdad todos los destinos,
y gaviotas que recuerden el aire sobre mi piel.
En noches como ésta ...
domingo, 27 de diciembre de 2009
lunes, 21 de diciembre de 2009
Visitando a Pablo en su casa

Un encuentro, una mirada, y se abre dejando que una insistente luz penetre hasta el interior: Me recibe un aire tíbio de memorias sepias, deshilachando intimidades. Desde sus ventanas me asomo a la historia. El héroe tiene la inmovilidad de los años y mira desde la piedra. Palomas que vienen y van dibujan sombras en la tarde, y adormecen la plaza derramando silencios.Vuelvo la espalda y lo busco. En el espacio aún perdura el eco de jóvenes pisadas y me siento envuelta en su mirada oscura, que sigue extática mis pasos desde el espacio. Recojo el desamor del hombre, impuesto por la ausencia que le lleva al olvido. Quedan colgando grises prematuros y algunos azules robados al mar. Nada más. La casa ya no es su casa.
foto
http://blogs.que.es/8784/posts
sábado, 12 de diciembre de 2009
En el país de las hadas

Para todos los que creen en los cuentos, que de ellos es la ilusión.
En los cuentos de hadas el Tiempo es caprichoso, a veces tiene prisa, otras se demora, gira en círculos invertidos, y hasta hace dormir años a príncipes y princesas que tienen como madrinas a las hadas. Quise ser una de ellas: oro en el cabello y faldas largas de transparente muselina. En las manos una varita mágica que no fuera motivo de problemáticas ausencias, hechizos torpes y conjuros. Quise tener mi propio bosque, y en el bosque un lago donde se bañaran hadas y duendecillos malhumorados, algún que otro gnomo, y sueños que tuvieran sed. También me hubiera gustado tener una casita de caramelo y chocolate, setas habitadas, y magos que cumplieran todos mis deseos en las noches víspera de luna llena.
Quise tener un bosque y, a cambio de esto, tuve un jardín con árboles como gigantes, hojas amontonadas, flores, y multitud de rincones secretos – mi Isla encantada- que nada tenía que ver con el mundo de los mayores. Allí, entre las claroscuras sombras en tardes calurosas y en las brisas de las noches de verano, comprendí que la verdadera magia es ver más allá de las imágenes escritas en los cuentos, y fue el Cantor de Vientos quien me llevó a ese reino cercado quien, con su rumor persuasivo, me hizo apreciar los sonidos y escuchar el murmullo de un tiempo que no terminaba de pasar. Acurrucada en mi rincón favorito protagonicé historias fantásticas e interesantes encuentros: observé a cisnes desnudos bailando a la luz de la luna, conocí a Tomás el Versificador, fuí testigo de cómo Orfeo liberaba a su esposa, me enteré de cómo Morgan - la más famosa de todas las hadas - se llevó con ella a Arturo, el Rey. Me sentí viajar en un tiempo trémulo de incertidumbres, en un espacio más allá de los Confines y que ha quedado ya invisible en la historia para siempre.
No, no tengo un bosque, pero sí tengo un jardín con tulipanes, iris, jacintos, y sombras donde juega con frecuencia el Viento, y en el que duerme mi mal criado gato – dueño y señor de todo el territorio – que lo único que espera es cazar ratones, y de esos también suele haber muchos en mi jardín.
sábado, 5 de diciembre de 2009
Una visita a la Almedina de Cazorla


Olivo solitario,
lejos del olivar, junto a la fuente,
olivo hospitalario
que das tu sombra a un hombre pensativo
y a un agua transparente.
al borde del camino que blanquea,
guarde tus verdes ramas, viejo olivo,
la diosa de ojos glaucos, Atenea.
Antonio Machado.
La mejor manera de conocer la provincia de Jaén es a través de sus olivos. El paisaje –infinita luz y sin fronteras- muestra diferencias bien marcadas, desde las agrestes y llamativas sierras hasta las llanuras fértiles invadidas por el Guadalquivir, pero es el olivo hospitalario, el de las ramas verdes y troncos retorcidos, como cantaron los poetas, el que da el carácter a esta provincia que merece estar orgullosa de ser la mayor productora de aceite de oliva del mundo.
Nos acercamos primero a Cazorla por una carretera cómoda, marcada entre resplandores inapelables, huertas y olivares conocedores de su historia y su valía. Calles increíblemente estrechas y con notable desnivel nos provocan asombro e inquietud, y hacen que nuestra llegada no sea olvidada en mucho tiempo por los vecinos del lugar, incluso es posible que pase a formar parte de las crónicas cazorleñas, al tomar una dirección equivocada sin salida y sin posibilidades de girar. Todo un espectáculo para los tranquilos habitantes del lugar, algunos de los cuales –dos pacíficas aborígenes– nos dieron lecciones de circulación, con maniobras incluídas y de una manera gratuita.
Estamos en Cazorla y hace mucho calor esta mañana de Julio. Desde el balcón del hotel la sierra se siente tan cerca que parece que puedo tocarla con las manos; al fondo, el agua del Cerezuelo reverbera su sonido en el sueño de la tarde, y oigo cerca y pausada la campana de la Iglesia de San José que guarda en su interior seis grandes lienzos copias de El Greco. Pero hay más; por encima de los tejados en rojo la torre de las Cuatro Esquinas nos mira con decoro, convencida de su propia historia y leyenda. Quizás no ha olvidado los lamentos de la pobre princesa olvidada para siempre por su padre en las mazmorras del castillo. También la Iglesia de Santa María sabe de tristezas y penalidades que el tiempo y el pasado han dejado improntas en su imagen. Más tarde salimos, paseamos, recorremos las calles, las callejuelas y las plazas. Otras iglesias, capillas y ermitas, casas y palacios, incluso fuentes con denominación de origen, completan la herencia cultural y ponen su acento en el perfíl histórico bajo la mirada observadora de la peña de los Halcones.
Las altas temperaturas no son un estorbo para conocer bien el lugar, y nuestra siguiente visita es una almazara situada en el entorno de la sierra de Cazorla. Llegamos por la carretera de Cazorla a Peal de Becerro, para después desviarnos por un caminito de tierra entre olivos, como no podía ser de otra manera. Hasta donde alcanza la vista sólo existen olivos; señoriales y circunspectos árboles con muchas dosis de sabiduría. Ya cuando parece que no hay nada que distraiga el dominio del verde, aparece una pincelada clara con acento dulce en el nombre, la Almedina, un oaxis de respiro en el calor.
Esta almazara histórica –palabra de raíces árabe que significa lugar donde se exprime- tiene sus orígenes en el siglo diecinueve, cuando el Marqués de Foronda ordenó la construcción de una casa-palacio y adosada a ella una almazara con cuatro prensas hidraúlicas para, además del aceite, conseguir orujo y jabón, pero esto ya forma parte de su historia. El marqués, amigo personal de Alfonso XIII, pensó así unir en la Almedina una residencia para las visitas reales y un complejo industrial. Ahora está previsto que pase a ser Casa Rural en un futuro próximo.
Llegamos primero al patio, un espacio abierto, donde se selecciona la aceituna, se limpia y se pesa. En el interior nos fueron mostrando las naves donde se realiza el tratamiento que se le da a la oliva, la trituración hasta conseguir una pasta, la extracción del aceite separándolo del resto de los componentes de la aceituna, y por último su recogida en depósitos de acero inoxidable donde se conservará con la justa temperatura y escasa luz. Desde aquí el aceite se envasa para su comercialización. Todo un proceso que exige mucho esfuerzo y amor al oficio.
En estas mismas instalaciones se encuentra también un museo, donde se puede seguir la evolución del tratado de la oliva cuando esto todavía era un trabajo artesanal y sacrificado, como nos hace recordar los versos del poeta,
Andaluces de Jaen,
aceituneros altivos,
decidme en el alma:
¿Quién, quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.*
Vasijas, bidones, prensas, decantadores, molinos, depósitos que hicieron sus funciones en otras épocas, toda una muestra de maquinaria y herramientas, que nos dan una idea del trabajo y dedicación para la obtención del aceite a través del tiempo. Hoy día el sector del aceite ha evolucionado de una manera muy significativa con la modernización de las almazaras y la elección de los productos. Todo esto tiene como resultado un aceite – el de esta almazara tiene el poético nombre de Torreón de Nubla- de la mejor calidad y sabor excelente, de aceitunas recogidas en el mes de noviembre.
Dejamos la almazara y salimos de nuevo a la carretera, a la luz que nos deslumbra, al calor, pero el olivo sigue estando ahí, imperturbable. Considerado sagrado y mítico por algunas culturas, es un árbol robusto, de tronco grueso, que llega a una edad avanzada y resiste temperaturas extremas y una exposición prolongada al sol. Quizás es esa atribuída magia lo que ha hecho que sobreviva toda clase de invasiones y guerras. Quizás por eso está ahí, inseparable de las tierras jiennenses y todas las que se asoman al mediterráneo, y quizás es esa perenne presencia lo que hace que los "paisajes del olivo" hayan sido merecedores de ser nombrados Patrimonio de la Humanidad.
*Miguel Hernández
http://www.cerespain.com/almazara.html
http://www.elaceitedeoliva.org/
http://www.cazorla.es/
http://es.wikipedia.org/wiki/Aceite_de_oliva : El aceite de oliva
http://es.geocities.com/cazorlaenlared/index.htm
http://www.culturandalucia.com/Leyenda%20de%20La%20Tragant%C3%ADa%20escrita%20por%20Juan%20Eslava%20Gal%C3%A1n.htm
viernes, 20 de noviembre de 2009
Imposible retorno

Para todos mis amigos, desde Málaga
En recuerdo de La Azucarera Hispania, Málaga
Ahí, donde la casa se erguía señorial y altiva,
no queda nada, solo tierra solitaria y triste.
Busqué un alma y encontré palmeras,
faros vigilantes en un mar de rastrojos secos,
recuerdos de un jardín umbroso y fértil,
hoy árido y yermo, sombras del pasado
que se diluyen,
un mundo que fue y no es,
latidos de entonces que hacen daño
dejándonos heridos y sin aliento.
!Quisiera ser golondrina sin memoria
en el camino perdido del retorno!
viernes, 13 de noviembre de 2009
Una pasión que compromete

De pequeña tenía dos aficiones: coleccionar cajas y cromos, y leer. De las cajas puedo decir que me gustaban todas, grandes, pequeñas, redondas. Podían ser metálicas, de madera, pero generalmente eran de cartón. En más de una foto de entonces se me ve abrazada a una de aquellas cajas –algo churretosa y no en muy buen estado- como si tuviera miedo que me la fueran a quitar. No sé qué es lo que guardaba en ellas, pero no era su contenido lo que me hacía quererlas. Esta aficción se quedó un poco en el olvido, pero aún hoy siento el hormigueo del deseo secreto de posesión. Los cromos fueron simplemente un entretenimeinto pasajero, y el tener algunos que no tuvieran mi hermana y mis amigas y compañeras de colegio, me hacía conocer momentos de autoridad.
Con la lectura fue diferente. Cuando me encontré con los libros hubo un momento muy marcado en mi tiempo con un antes y un después. Pero entonces aún no tenía tanto recorrido como para saber apreciar esa diferencia. Eran libros de la colección "Marujita" de Ediciones Molinos, que encontré en un viejo armario en casa de mis abuelos. Habían pertenecido a mi madre, de antes de la guerra y el precio estaba dado en céntimos. Fueron los primeros libros que leí y que me pertenecieron. Títulos como "Las travesuras del gnomo pegón", "El duendecillo de la chimenea", "La casa encantada", "Un gato en el país de las hadas" y muchos otros, daban paso a historias que se desarrollaban en un espacio a donde llegaba por senderos ocultos o puertas invisibles en la imaginación, con personajes que vivían en casitas mágicas que andaban y hablaban. Un paisaje distante de bosques, árboles, plantas, y flores, hacía que, con la fantasía rica que tienen los niños, me transportara a un mundo de magias. La lectura de aquellos primeros libros influyó mucho en aquellos años, y aún hoy sigo convencida de que voy a descubrir algún día esa tierra encantada que me daban a conocer.
Ahora mi relación con los libros tiene el carácter de una pasión que compromete mi tiempo, y me sorprende con palabras, espacios, imágenes desprendidas de inocencia, fantasías que acuno entre mis manos. Transito en sus páginas entregándome al tacto y al olor que desprende su materia. Me gusta sentir su peso y esa especie de caricia que me alcanza desde sus hojas donde se guarda la memoria escrita. Colecciono libros, los que tenía, los que me regalaron, los prohíbidos, los que compré después. No puedo dejar atrás ninguno. Llegaban y se quedaron para siempre conmigo.
imagen: centres.escola.org
jueves, 5 de noviembre de 2009
La leyenda de Cunera

Una peregrinación
Esta leyenda tiene su origen alrededor del siglo IV DC. Cunera, princesa de York, fue a principios del año 337 acompañando a Santa Ursula y 11.000 vírgenes, de peregrinación a Roma. En el camino de regreso, el barco en el que viajaban fue asaltado por los Hunos que asesinaron de una manera brutal a todas las jóvenes. Sólo Cunera logra salir con vida, salvada por el rey Radbout, que la lleva con él a su castillo en Rhenen (Utrecht), donde lleva una vida religiosa y caritativa, ayundando a los necesitados. La admiración que todo el pueblo tiene por ella provoca los celos de la esposa de Radboud, la reina Aldegonde, que después de varios intentos de desacreditarla ante el rey, trama un plan para deshacerse de ella.
Así, cuando Radbout y sus hombres salen un día de caza, estrangula a Cunera con el chal que esta había recibido de sus padres como regalo, y la entierra –junto con el chal- en los establos. Al regreso del rey y preguntar este por Cunera, Aldegonde le dice que regresó con sus padres. Mientras, los caballos se niegan a entrar en el establo. Rabbout se extraña al ver en el interior la tierra movida y decide excavar en ese sitio. Una vez que han removido la tierra encuentran el cuerpo de Cunera. Radbout descubre el engaño y la terrible acción de su esposa y la castiga azotándola. Más tarde, Aldegonde, terminará loca tirándose desde el monte Grebbeberg. Cunera es enterrada en un lugar que será más tarde conocido como "La colina de Cunera".
Pasa cierto tiempo, y unos trecientos años después de su muerte los habitantes de Rhenen piden al obispo Willibrord que declare santa a la jóven. Según la historia, al abrir el sarcófago encuentran el cuerpo de Cunera y el chal intactos. En el año 694 el chal es depositado en la iglesia Pieterskerk en Rhenen. Desde entonces es venerado durante largo tiempo y atrae a muchos peregrinos, conviertíendose la ciudad en un lugar de peregrinación muy visitado. Con las ganancias de las indulgencias se construye –alrededor del año 1500- la iglesia Cunerakerk.
Hoy también yo he sido peregrina en Rhenen. He seguido un camino paralelo a lo que antiguamnte fue la ruta histórica de una procesión que recorría diversos puntos relacionados con la leyenda de Cunera, y a la que la Reforma puso fin. El lugar ha sido testigo silencioso de un complejo mundo de imágenes que han dejado huellas a través del tiempo, vestigios de una existencia que nos invita a observar la naturaleza, comunicativa y generosa de nostalgias. El día invita a este paseo, un recorrido de veintisiete kilómetros por un terreno boscoso y de colinas de suaves pendientes donde encuentro una flora variada, aves, ovejas, vacas e incluso ciervos que, en ocasiones, se dejan ver. Oigo cómo se agitan las ramas, que ofrecen perezosas sombras donde descansar. Con cada uno de mis pasos percibo el crujir de las hojas que cayeron, una leve protesta ante mi descuido. Respira el aire. Son sonidos que permiten apreciar la composición poética de lo que me rodea. Un paisaje que surge entre caminos y sendas, abadías, monasterios, capillas y granjas, elementos que marcaron los límites de una herencia cultural.
Son veintisiete kilómetros de peregrinaje compatibles con ese otro Camino que me ha llevado a Santiago. Al igual que en la ciudad del Santo, también Rhenen –ciudad felíz y con encanto- tiene su iglesia aunque está sujeta a las normas que le impuso la Reforma, pero hay elementos que la devuelven a la realidad. En su interior el coro, la silleria, el órgano, la pila bautismal, conservan su carácter primigenio; faltan las reliquias de la Santa que fueron dispersas, pero conserva una de las tres torres más altas de Holanda con ochenta y dos metros de altura, y uno de los pocos doksalen que quedan en el país, con representaciones alegóricas de las tres Virtudes Capitales, Fe, Esperanza y Caridad. Aquí no se necesita Carta probatoria o Credencial para acreditar que se visita el templo. El silencio y la quietud forman el testimonio que recibes.
23-mayo-2009
Rhenen, Utrecht (Los Paises Bajos)
Fuente:
http://www.cunera.nu/legende.htm
viernes, 16 de octubre de 2009
Por la ruta de los castaños hasta la memoria

Foto: wikipedia
Una visita a Ronda
Acostumbro a discutir con mis recuerdos, me desafían entre guiños del tiempo y mis propias dudas. Cada vez con más frecuencia los encuentro deambulando en el laberinto de perplejidades y olvidos en que se está convirtiendo mi memoria. También hoy acuden conjugando nombres y citas; me acompañan en esta ruta que tiene para mí el sabor dulce de anteriores travesías, enfrascados en buscar el equilibrio entre las tradiciones y el impulso de la modernidad.
Muchos son los caminos que llevan a Ronda. Yo escojo siempre la carretera de la costa, que deja con pereza atrás el mar y se asoma a pueblos blancos y pequeños, a valles de colinas suaves, y a zonas rocosas y abruptas, curiosea entre huertos, olivos y –por supuesto– castaños. En mis recuerdos juega aquí la imagen que tengo de una carretera temeraria para valientes conductores del Seat 600, que ahora se ha hecho amable. Dionisio Ridruejo puso la poesía:
"Salva los campos de labor, se pierde
hacia las duras piedras.
Montes quiebran el cerco de los montes
y con la Luz el corazón se aleja.
Vuelve y es en mis ojos universo
pequeño y bravo la ceñida tierra."
Ahora, igual que entonces, vuelvo a la belleza de los valles del Guadiaro, Guadalteba y del Genal. Más allá están los parques nacionales, Grazalema, Sierra de las Nieves, Los Alcornocales, que guardan tesoros incalculables como el águila real o el buitre leonado, y en especial el pinsapo –árbol nacional andaluz– emblema de la serranía de Ronda. Son estampas de un paisaje que continúa existiendo en mí desde que hice a Ronda lugar de destino, y me sigue asombrando el perfil de esta tierra, unas veces armonioso y otras agreste, como ya lo hizo con todos los que llegaron a ella desde sus orígenes: celtas, fenicios, griegos, romanos.
"Avistamos Ronda. Estaba enroscada en la sierra, como una prolongación natural del paisaje y, a la luz del sol, me pareció la ciudad más hermosa del mundo". Hago mías las palabras de Juan Goytisolo para escribir lo que yo también siento cada vez que llego a esta ciudad, y que se repite en cada una de mis visitas. Es difícil poner nombre a los sentimientos que la vista del Tajo te inspira. Decía José María Pemán que "si nos asomamos a él podemos encontrar en el fondo miedo, vaticinios, oraciones o versos". Yo reconozco la fragilidad del hombre ante la naturaleza, y siento el vértigo que la verticalidad inmensa me produce. El "puente nuevo" salva este barranco de más de cien metros de profundidad y une la Ronda histórica con calles empedradas, casas de balcones enrejados y miradores, monumentos, plazas e iglesias, con la Ronda moderna y comercial, que además cuenta con la plaza de toros más antigua de España.
Ronda ha atraído a visitantes desde siempre por lo mágico de su entorno y el romanticismo que rodea a sus personajes. La leyenda y la realidad se confunden al tratar a bandoleros como el "Tragabuches", "Pasos Largos", el "Pernales" o "Luis Candelas", hombres enfrentados a la ley, que en ocasiones también fueron generosos y que sirvieron de inspiración para diferentes historias. Y no olvidemos que Ronda es la cuna de la tauromaquia y de la figura cumbre del toreo, Pedro Romero. Todo esto y la instalación de la Real Maestranza de Caballería, le dio un atractivo que difundieron escritores como Gustavo Doré, Prosper Merimeé, Théophile Gautier, Washington Irwing, Ernesto Hemingway, Richard Ford, Luis Cernuda. Para ellos y para mí es Ronda la ciudad soñada, haciendo verdad lo que dijo Rainer María Rilke de ella.
"Las casitas de esta calle de Ronda, con sus cierres en la planta baja, parece que crían barriga. Estas otras tienen los cierres altos ... Inclinan la frente. De uno a otro lado de la calle diríase que se quieren acercar, para comunicarse una confidencia maliciosa, sobre el transeunte que pasa". Pienso en estas palabras de Eugenio D'Ors mientras paseo por las calles del centro de la ciudad con fachadas blancas y cercanas, y busco entre lo mítico y lo real el contraste entre el pasado y el carácter cosmopolita de ahora, entre lo recatado y el bullicioso sonido del ambiente y de su gente. Me enfrento de nuevo con un tiempo que tiene un concepto muy personal para despertar perplejidades y olvidos, para retroceder o acelerar los períodos que vivimos. De esta forma trato de sujetar estas escenas que tanto me dan a sentir, un rincón acogedor para fotografiar, esta plazita donde descanso a la sombra de una acacia, el interior de una iglesia, el jardín tan sorprendente de flores. Imágenes que no son distintas a las que en otras visitas viví, pero tienen un lenguaje diferente, y que –como dijo Tagore– se harán recuerdo cuando llegue a mi destino; ellas sólo son cosas útiles mientras hacemos el camino. Así pués, tendré de nuevo que confiar en mi memoria.
domingo, 11 de octubre de 2009
Caminar
Caminar …
Erosionar senderos
arrastrando las palabras
con versos hechos a medida.
Caminar …
Recorrer atajos y leyendas,
escuchar los bosques,
pisar la hierba sin detenerse
arropados por la mirada experta de los robles centenarios.
Caminar …
Descubrir un lenguaje sin disfraces,
acentos que deja el viento
en un mundo de transparentes resonancias.
Caminar …
Sin recato,
con terquedad,
en pugna con lo errante y el descontrol
desafiando rutas y límites estipulados.
Caminar ...
Siempre caminar.
sábado, 3 de octubre de 2009
El regreso

Me abracé al Levante y me sentí gaviota remontando imposibles por tierras de amarillos que empiezan a estar gastados, vides colmadas, y ocres, que esperan sumisos el letargo dormido en la casa del Tiempo.
Primero fue dejar auroras, palabras y sentimientos: rivalizan los recuerdos agolpados en desorden. Llegaron dudas y pesares. Terminé el moscatel y las pasas. La farola me guiñó por última vez. Quedó colgado el aire rizando azules … !Qué dificil es desprenderse de tantos retales de tu vida! Pero el hogar tiene dirección escrita, y empecé el camino calzada de desganas y sin prisas. Pisé distintas geografías. Una bandada de deseos me acompañaba rápida, sin posibilidades de poder atrapar alguno de ellos. Me reconfortó saber que al otro lado del horizonte también existen lágrimas y sueños.
Desfilaron curvas, montañas perfiladas de azules, subidas, descensos, ríos. Extensiones secas, otras verdes. Pueblos, gente, diferentes lenguas. Vi el revolotear de banderas. Todo quedó engarzado en mi mirada, aguardando próximas ocasiones.
Ahora descanso en el sosiego, entre húmedos brillos del agua, tulipanes, noches largas, recuerdos. Paisaje donde, poco a poco, va arraigándose mi historia.
jueves, 10 de septiembre de 2009
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