miércoles, 9 de junio de 2010

El mar


El mar
- esa especie de contenida zozobra -
invade el dolor de los ciclos
en cada abrazo húmedo que agrieta las orillas,
mientras la inmensidad de él esconde la incognita del azul
y tiñe de blanco sus contornos, en la entrega fiel de sus mareas.

martes, 1 de junio de 2010

Museo en Delft



Se detiene sin prisa el tiempo en el espacio y despierta la historia. En la acolchada niebla del pasado, recobran vida las sombras desprendidas de sus marcos, mientras los muros imperturbables,
mantienen el secreto de lo vivido, y un clavicímbalo sigue marcando, lento, las silenciosas pisadas de antaño. Roto el sosiego, conjugan unos pasos las huellas del pretérito.




viernes, 14 de mayo de 2010

Parece ser ...




Parece ser que en una pareja que lleve ya años disfrutando de una larga vida en común, es la mujer la que toma las riendas de sus vidas y marca la conducta a seguir, quedando el marido, en la mayoría de los casos, relegado de tomar cualquier decisión. Como ejemplo nos muestran a esas parejas que podemos ver en supermercados, tiendas, bancos, cafeterías, donde la mujer lleva la voz cantante, mientras al sufrido caballero no le queda más remedio que aceptar la decisión de ella. Este comportamiento se achaca a una situación fisiológica, que afecta a un número de mujeres en su carácter de una manera u otra. Sin embargo para otro grupo numeroso esta fase simplemente significará un cambio en el ritmo de sus vidas y los síntomas serán casi nulos, considerándolo como un proceso natural.

Entonces, ¿cómo explicar este comportamiento? Según un conocido escritor holandés, Maarten 't Hart, "las mujeres son siempre las que mandan". Lo que no se sabe es de dónde sacan este poder, pero es algo que se relaciona con esto que es tan condenable en los ojos de las feministas: el trabajo del hogar. Y continúa diciendo: "el atender y cuidar de alguien es condenable puesto que la mujer que cuida de un hombre, lo tiene en su poder. El poder es el reverso de cuídar, atender. El que estas dos cosas estén tan relacionadas es comprensible: quien cocina determina qué se va a comer. Quien limpia la casa se toma el derecho de gritar ¡límpiate los piés! al que entre, quien plancha las camisas del marido puede determinar cuando se las pone. Y esto trae como consecuencia que, a no ser que seas un desagradecido, te sientas deudor y por lo tanto culpable. Y quien se siente culpable tolera más facilmente una orden de aquel a quien es deudor. El sentido de la culpabilidad - sigue diciendo el escritor - es un terreno de cultivo para una relación de poderes. De esta manera es, por una parte, comprensible que las feministas rechacen con indignación la tarea del gobierno del hogar. Gracias a esto las mujeres son precisamente dominantes".

jueves, 29 de abril de 2010

Carta a mi tierra



Para tí:

Algo se rompe en mí, y me axfisia esta obligada quietud que desmorona mi paciencia. ¡Cuánto hace que no nos vemos! Se me hace extraño el tiempo que paso lejos. Con la entrada del frío y la permanente estancia de los grises han llegado imágenes cálidas de tu recuerdo, y el deseo inconfundible y denso de volver a verte. ¡Te echo tanto de menos! Me falta mucho cuando no tengo el abrazo estrecho y rendido de tus vientos y tu color. Los azules aquí sólo los encuentro en los ojos de la gente; y la lluvia, que siento siempre perenne y cerca, estimula esa desazón que da la ausencia.

Pero no todo es carencia e inquietudes. El sentimiento de pérdida se reconforta cuando hablo de ti a quienes viven conmigo la realidad de los días. Me gusta contar como eres, descubrir tus contornos, dar a conocer los colores que te haces vestir. Quiero que sepan de tus horizontes y límites cercanos, de tus sabores, y ese carácter alegre y de buena templanza que muchos ya conocen. Hablo de ti y ellos me comprenden: mi vida se inspira en el Sur, ahí donde se entrelazan nuestras raíces. Así he llegado a ser equilibrista en la cuerda que ata mis dos latitudes, aprendíendo a enmudecer la nostalgia, a confiar en lo ausente, y a silenciar alegóricos olvidos y ciertos comportamientos de esta vida acelerada y distante.

Hoy me he levantado con ganas de cerrar los paraguas y buscar la Primavera, la claridad y el aroma de mi infancia, y el revuelo de palomas en la plaza de nuestros juegos; hoy, cuando todavía el invierno está a medio hacer y el frío no ha cambiado su gesto, he sentido la necesidad de salir al encuentro de todas estas imágenes que me llaman. Mientras, te escribo apilando en las letras todo el desorden de mis deseos.

jueves, 22 de abril de 2010

Soy una retenida

Una nube cenicienta, que cuelga en alguna parte de Europa, me tiene retenida en Málaga. Yo no he llegado a verla, pero con toda seguridad tiene un carácter dictatorial y dominante que le permite imponer condiciones. Ahora parece que ya se está aburriendo de tanto incordiar y se está retirando hacia otros paisajes. Mientras tanto,  después de mucho porfiar, me han concedido un lugar en unos de los aviones del próximo sábado.

domingo, 21 de marzo de 2010

A punto de partir






Me reconozco al límite de la resistencia ante un equipaje que cada vez exige más. ¡Este viaje no es para siempre! -me digo- y sigo buscando lo que la memoria suele olvidar, como son unas llaves perdidas, el pasaporte que no está donde debe, el libro que tenía reservado para esta ocasión. Nunca se está completamente a punto de partir. Acechan además razones para impedirlo: problemas que en esta última hora escogen el momento de mostrar sus quebrantos, y rompen la estabilidad de lo programado. Pero sobre todo es el tiempo lo que domina a los que se quedan con la ausencia y la distancia, y será el desaliento el que moldee el miedo a la soledad. Para quien – en el vértice de sus años- no entiende de distancias y ese tiempo es un futuro que teme inalcanzable en la quietud que vive el suyo, la espera está inmersa en el acoso del silencio de sus días.


Todo es parte del equipaje que lleva el que está a punto de partir, compañero inevitable que acompañará cada capitulo de esta historia.

lunes, 8 de marzo de 2010

Mi rincón favorito


Rincón de la Victoria, Málaga (imagen:wikipedia)



A media tarde, cualquier día del año, pienso en él con el regusto amargo de la distancia. Se me llenan los ojos de su imagen, y en la boca brota un te quiero que me acerca lo que creía perdido. Nuestros encuentros tienen la insistencia de un amor sin apagarse y la frecuencia de un péndulo que oscila de verano a verano, desde que se convirtieron en costumbre.

Este rincón de cada año, entre los límites de una montaña humilde y la orilla de sus azules, es hogar de mis encuentros y cita que reconozco como algo mio. El tiempo pone un acento de olvido en su imagen, y de la misma forma la reclama con insistencia hasta que queda aparcada permanentemente en mi memoria. Una y otra vez acudo a mi rincón para vivir consciente esta querencia y librarme del lastre de la añoranza. Recorro sus líneas, nombres y sonidos, inauguro deseos y me entrego al tráfago diario que va llenándome, poco a poco, de vida. Al alba bajo a una playa todavía abandonada aunque no triste y al atardecer son las gaviotas las que acuden al paseo de siempre. Este es mi rincón, al borde de una tierra asomada a su inmensidad, a los pies del acantilado, y el salitre transformando el color y abriendo una puerta hacia toda clase de embarcaciones.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Pensamiento entristecido


Qué sueños prometes para seducir la carencia de voz de la tierra huérfana, despojada del tiempo? … Ya no se conforma con la visión y el gesto desnudo, ahora exige la incognita de tu comprometida palabra.

viernes, 19 de febrero de 2010

Visita del Príncipe Felipe a Deventer, en Los Países Bajos (1549)


Felipe II Príncipe de Asturias
Tiziano, 1551




No sé como ha llegado hasta aquí, quizás enviada por los Dioses, o puede ser su fugado Ka quien va moldeando balbucientes huellas en las piedras de las calles, húmedas de la insistente lluvia. Lo desconozco. Ella refugia su respuesta en el silencio, y retiene su secreto entre los brazos amurallados de esta ciudad, en la que se nota un aire de reforma religiosa, a pesar de que el Emperador está empeñado en llevar a muchos herejes a la hoguera. Ha sido hoy, en un invierno prematuro y empeñado en robar protagonismo, cuando he vuelto a encontrarme con Uxa: gesto de curiosidad, ojos que delatan ausencias y desvelos.

Descubrí su perfil entre una muchedumbre alborotada que espera la llegada del heredero Don Felipe. ¡Te hubiera gustado estar aquí, estoy segura de que habrías quedado asombrado! ¡Qué lujo y qué riqueza mostraba su séquito! Le acompañaban más de dos mil soldados, con banderas, pífanos, y atambores. El príncipe tiene la tez clara, y en el pelo el reflejo tibio de la luz de esta tierra, pero su barbilla es bastante pronunciada y sus labios son gruesos. Enjuto de cuerpo, vestía jubón negro y cuello almidonado que le daba un porte rígido y severo. Su mirada no reflejaba nada de la alegría del pueblo, y se notaba su poca afinidad con los rústicos habitantes de este pantanoso país. Se rumorea que el viaje ha sido hecho con pocas ganas. Mientras, yo seguía cada paso de Uxa, que todo esto lo hacía compatible con su pasado, deshaciendo imposibles, coqueteando con las imágenes, seduciendo la historia.

El día había estado impregnado de música y bebida, de entrechocar de aceros, caballos, gritos. La gente que ahora empezaba a mostrarse vencida, regresaba a sus hogares. Aquí anochece temprano. A Uxa no le quedó más que volver al principio de donde siempre viene, que ya empieza a desvanecerse en el tiempo, con la seguridad de que la luz que siempre lleva encendida le guiará a el espacio que le marque su Destino.

A mí me acompañará siempre la duda de saber si alguna vez se encontrará contigo.



11 de octubre de 1549
Daventria, Los Países Bajos.
Crónica de la visita del príncipe Don Felipe

miércoles, 17 de febrero de 2010

domingo, 7 de febrero de 2010

Una pasión desenfrenada



Hay una gran dosis de lirismo en la afición que tienen los holandeses por el patinaje sobre hielo. Con seguridad es algo propio que se encuentra en sus genes. Pocos son los nacidos en este país que no sepan patinar. Desde el momento en que el otoño ha sido vencido, se abren las pistas de hielo artificial, y niños y mayores se apresuran a poner a prueba su destreza en esta asignatura. Sin embargo, esta pasión arrastra todas las templanzas con la aparición de las primeras heladas, que les hace soñar con el patinaje sobre el hielo natural en canales, acequias y estanques.

El invierno en Holanda significa un ambiente acogedor de nostálgicas tradiciones, escarchas en las ventanas y largos recorridos sobre el hielo. El poder deslizarse sobre el agua congelada, la magia de una naturaleza blanca, el sonido de las cuchillas sobre la superficie, el compartir unas sensaciones, ponen un acento diferente en este deporte y en su larga historia cultural. Se necesitan varios días seguidos de heladas para que el hielo tenga el grosor necesario para patinar –aunque para algunos impacientes sea dificil aceptar cualquier espera– y es esta forma de diversión una de las pocas cosas positivas que pone en pie, de una manera colectiva, a todos los holandeses.

Los que más han contribuido a dar esta imagen apasionada por el hielo a Holanda han sido los famosos "paisajes invernales" del Siglo de Oro holandés. El cuadro "El regreso de los cazadores", de Pieter Breughel, es la pintura más antigua en la que se muestra a patinadores sobre pequeñas pistas de hielo. Una imagen que también puedes encontrar ahora en un día de helada. Desde principios del siglo XVII este tema se hace muy popular gracias a Hendrick Avercamp, que se especializa en estos paisajes: un aire peculiar, molinos, diques, una vieja ciudad al fondo, gente patinando; tantas cosas y tantas historias.

Hendrick Avercamp fue un gran observador. Esto nos lo muestran sus pinturas, ricas en detalles y picantes anécdotas, parejas acariciándose, traseros desnudos, y hombrecillos que se bajan el pantalón. Escenas que, sin lugar a dudas, vería cuando de niño iba con sus padres a patinar, ambiente que siempre le hizo feliz y que él vivía interiormente de una manera diferente, ya que era sordo desde su nacimiento.

Sin embargo, también nos ha dejado ver en sus cuadros la dura realidad de la vida en los fuertes inviernos: el cadáver de un caballo que se ha hundido en el hielo, una mujer que lava la ropa en el agua helada, un leñador que recoge madera para poder calentar su casa; en sus pinturas hay de todo para descubrir. De Avercamp tenemos además dibujos en papel –lápiz y tinta– que más tarde fueron enmarcados. En ellos está también la gente como protagonista y que ya figuran en otros de sus lienzos, un afilador de patines, un cazador de patos, obreros y elegantes personajes. Ricos y pobres juntos sobre el hielo. Curiosamente esta afición al hielo no tiene sólo un lado artístico, sino también ocupa un lugar en la historia durante la "Guerra de los ochenta años". In diversas crónicas de aquel tiempo se menciona con regodeo cómo el duque de Alba, en el asedio a la ciudad de Haarlem en el duro invierno de 1572-73, confió demasiado en la habilidad de sus soldados y encargó cientos de pares de patines para enfrentarse a las tropas de Guillermo de Orange. Lo que presentía cada uno de los holandeses se hizo realidad: por la completa impotencia de los soldados españoles para moverse sobre el hielo, se afianzó la magia de los soldados patinadores de Orange y los enfurecidos españoles terminaron tirando los condenados patines. En el hielo es el "homo ludens" quien determina el juego.

Fuentes consultadas:
http://www.rijksmuseum.nl/ijspret?lang=nl
Exposición: 20 noviembre 2009-15 febrero 2010
Hendrick Avercamp: IJspret
Rijksmuseum, Amsterdam
http://nl.wikipedia.org/wiki/Hendrick_Avercamp

domingo, 31 de enero de 2010

Viaje a Limburg aan der Lanhn en Alemania


Desde los primeros momentos en que cruzas la frontera notas la diferencia. Los alemanes corren más. Tienen coches fuertes y veloces. Muchos BMW Mercedes, Porches. No hay velocidad máxima y la mayoría "pasan" a 150 kms. y hasta más. Las casas son distintas en forma y color, echas de menos las vacas en el campo como en Holanda. Aparecen colinas y valles. Al fondo ves pequeñas montañas. El paisaje va cambiando de fisionomía. Ya no encuentras esas superficies de la tierra de los tulipanes, llanas hasta el infinito. Ahora hay subidas y bajadas, cuestas, curvas, desnivel. El clima no ha cambiado durante las casi cuatro horas en que hemos hecho el recorrido. Lluvia y más lluvia. Mucho, muchísimo tráfico, sobre todo en los alrededores de Colonia.

Nos encontramos en Villmar. Un pueblecito cerca de Limburg an der Lahn, a unos 60 kms. al norte de Frankfurt, invitados por unos amigos. La casa donde estamos está situada en una bajada del terreno, rodeada de árboles altos que apenas dejan pasar el sol, (cuando lo hay, claro). Desde que hemos llegado el tiempo ha estado frío y húmedo, pero esto no ha sido un impedimento para que cada día, después de desayunar con los típicos bollos alemanes, y abundancia de embutidos, queso, etc., hayamos cogido el coche y nos hemos dedicado a conocer los alrededores.

Ayer sábado hemos cenado en Villmar, un pueblecito de "cuatro casas" típicas alemanas con mucha madera, calles muy estrechas y pendientes. Aquí tienes que tener mucho cuidado. La velocidad máxima en los pueblos es de 30 kms/hora y si no la sigues la policía actúa con mano dura. Fuertes multas y, en muchos casos, retirada de carnét. El pueblo, por lo demás, no tiene nada. Exceptuando una cosa que llama la atención: la limpieza de las calles; no se ve ni un papel por el suelo. Es más, hoy sábado es el día dedicado a la limpieza y se ven vecinos del pueblo con una escoba y cepillo limpiando la parte de acera y bordillo que le corresponde. Un ejemplo a seguir en muchos sitios.

Hemos ido también a Limburg an der Lahn. El Lahn es el río que pasa por la ciudad, con fuerte corriente, pero por el que en verano puedes pasear en canoa. Hay un puente que lo atraviesa y sus orillas tienen una vegetación abundante. Limburg es un sitio pequeño, de unos 25.000 habitantes, con las conocidas casas alemanas de techos inclinados [para escurrir la nieve], el centro con tiendas en las que admiras el gusto algo más refinado que en Holanda. El alemán además presume de casa y coche. Descansamos para reconfortar el estómago. Otra cosa en la que los alemanes son maestros es en la elaboración de tartas y dulces, de todas clases y sabores. Tienes abundancia para escoger, pero cuesta trabajo decidirse; todo se ve de lo más apetitoso. Si me quedara a vivir aquí seguro que engordaría. Por fïn me decido y para acompañarle pido un "glühwein". Es un vino que se toma muy caliente y se le puede añadir algo de canela. Se suele beber en Navidad. El camarero al que se lo pido, se queda un poco "parado"; éstas no son fechas para tomarlo, parece pensar. Finalmente me lo trae en un vaso con motivos navideños. Habrá pensado que soy un típico caso de turista....., no importa, yo he entrado en calor y podemos seguir nuestro paseo.

Hoy tenemos proyectado visitar el Dom, la iglesia-catedral de Limburg. No he conseguido enterarme exactamente de la diferencia que existe entre las dos cosas, quizás tiene que ver con la forma de consagración del edificio. Está situado en una parte alta de la ciudad, en una explanada. Para llegar allí atravesamos un montón de callecitas estrechas. Hace unos diez años lo visité por primera vez. En aquella ocasión lo estaban renovando. Durante La Reforma, [movimiento religioso, s. XVI], destruyeron y taparon pinturas y frescos. Ahora han conseguido renovar y sacar a la luz casi todas las pinturas murales. Las primeras noticias que se tienen de ésta iglesia es del siglo XI. Construida, según dicen, por un arquitecto español. Asistimos a las Vísperas; Perfecta la música de Bach, al que admro, y de otros dos componistas que me resultaron algo pesadas.

También hemos tenido tiempo de disfrutar de la naturaleza. Finalmente el domingo aclaró un poco y salió el sol brevemente. Desde la casa seguimos el rio en dirección contraria a la corriente. Hay un ferrocarril que lo atraviesa por un puente de hierro, construído en los años veinte. Durante la II Guerra mundial fué bombardeado por los aliados, ya que era un punto importante de conexión, pero el puente resistió y continuó en pie. Al final de nuestro paseo recogemos manzanas en una casa abandonada, para hacer appelmoes [puré de manzanas], y una vez de regreso encendemos la chimenea; es septiembre pero aquí ya se nota algo de frío.

El lunes, aunque la noche anterior el cielo estaba lleno de estrellas, amanece otra vez todo cubierto, lluvioso y triste. Decidimos darle un toque cultural al día, visitando un castillo en Braunfels, a unos 35 kms. de Limburg. El camino sigue el curso del río, con tramos montañosos y con bosques de árboles altos. Braunfels es una pequeña ciudad de unos once mil habitantes. El castillo está en la parte alta de la ciudad, rodeado de unas casitas como de cuentos y calles empedradas y pequeñas que forman como otro pueblecito dentro de Braunfels. Para visitar el castillo nos acompaña un guía muy entusiasmado que nos da una explicación detallada de todo lo que vemos. Tiene 186 habitaciones, -¿te lo puedes imaginar?- de éstas sólo vemos diez y seis. En una de las salas llenas de armaduras hay un poquito de historia de España, un cuadro de Murillo, una bandera, rota y sucia y algunos objetos más recuerdos seguramente de alguno de los Tercios Españoles. El guía parece casi que se entusiasma al saber que en el reducido grupo que lleva hay una española e intenta hacer sus pinitos en la lengua. Terminamos esta visita dando una vuelta por la ciudad. En ésta época del año, pasadas las vacaciones, está desierta. Apenas se ve un alma. Con sus típicas casas y calles parece una ciudad de ensueño.

(Septiembre 2005)